Opinión

Un nuevo horizonte para el deporte español

Palco23

02 ene 2023

En el fútbol femenino no hay hooligans. En el deporte femenino no están los viejos vicios que arrastra el masculino. Con la profesionalización del fútbol femenino, el sector ha encontrado una nueva vía para alcanzar ciertos públicos a los que no es capaz de llegar de las maneras tradicionales. Sólo hace falta haber asistido a uno de estos partidos en los que se llenó el Camp Nou durante la Uefa Champions League femenina: el público no era el mismo, eran familias que no sólo pudieron ir a ver a sus cracks a un precio muy asequible, sino que, además, pudieron asistir a un espectáculo totalmente diferente en el que estaba la mejor jugadora de mundo.

 

Si bien es verdad que quizás FC Barcelona ha jugado en otra división y el fútbol femenino necesita otros grandes clubes para poder tener una Liga F competitiva, de 2022 se pueden sacar dos grandes lecciones. La primera es que hay una parte de público del fútbol femenino, muy joven, al que hay que seducir. Es un público que quizás, además de consumir gaming y eSports en un futuro, también mirará fútbol, pero femenino. La segunda es que el fútbol femenino no puede caer en los viejos vicios del masculino y debe esquivar las guerras.

 

Pero benditos problemas. El fútbol femenino está en el centro del debate y esto se produce porque, al fin, hay dinero. Y habrá aún más. Aunque quizás habría mucho más si los partidos se pudieran ver en abierto, un error que habrá que ver cómo afecta en el futuro.

 

Pero hay que seguir profesionalizando la Liga F. Con un tiempo récord, la actual presidenta de la competición, Beatriz Álvarez, ha conseguido armar una estructura significativa y dar pasos de gigante con una alianza trascendental con LaLiga, que ha reportado 42 millones de euros, un importe que, invertidos estratégicamente puede marcar un antes y un después. Pero al fútbol femenino le faltan infraestructuras, mejorar los salarios y, sobre todo, más inversión en márketing. Pero paso a paso: tras una larga guerra, el fútbol femenino ha ganado batallas. Y no todas las ligas son capaces de decir lo mismo.

 

Para 2023, el deporte, se enfrenta a varios retos, en un contexto en el que la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre la Superliga marcará el camino de futuro del fútbol europeo. Tras estas tendencias será obligatorio que todas las partes se sienten en la mesa y se pongan de acuerdo, con independencia de a quién se le dé la razón: no puede haber unidad si en ella no están los dos clubes de fútbol más importantes de España.

 

El fútbol requiere una reforma de su funcionamiento después de haberse puesto en jaque su actual gobernanza. Pero, lo más importante: ¿por qué no se ha aprovechado el fútbol femenino como banco de pruebas de una posible Superliga? Sin duda alguna, esta es, de momento, otra oportunidad perdida.

 

Y es que pese a que el Mundial ha batido récords de audiencias y Leo Messi está en boca de todos, el fútbol ha cometido errores históricos. El hecho de haberse disputado en un país como Qatar, con déficits importantes en el respeto de los derechos humanos, ha puesto de manifiesto, una vez más, que es necesario un cambio. Blanquear la imagen de un país no sale gratis.

Igual ha pasado con la Real Federación Española de Fútbol que, con los diversos escándalos surgidos en 2022, ha creado una enorme controversia a su alrededor, lo que ha causado un gran impacto en la sociedad: el peso mediático del deporte rey no se debe subestimar. Transparencia y buen gobierno son claves para el fútbol y, a pesar de que hasta ahora se ha hecho muy poca de gala de esto, la transformación tendrá que llegar porque es algo que demandan especialmente estas generaciones a los que tanto cuesta llegar. Y no solo piden esto, sino sostenibilidad económica, medioambiental y social, unos valores que no hay que olvidar si el deporte quiere avanzar.

 

Después de haberse recuperado del golpe del Covid-19, de haber conseguido una nueva Ley del Deporte más o menos aceptable (depende de a quién se le pregunte), de haber vuelto a llenar los pabellones y los estadios, de haber aumentado la concienciación social a favor de la práctica deportiva, ahora llega el turno de ser un ejemplo. Cambiar en el futuro será clave. Tanto para el fútbol como para el resto de los deportes.

 

El curso 2023 presenta grandes retos. Sentarse en la mesa es la clave de todo y, por suerte, este año, el deporte femenino ya está en ella.

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