Líder en información económica del deporte

Entorno

Raquel G. Monzón (WWF): “En la COP27 es vital avanzar en financiación y adaptación”

La cumbre buscará mitigar el efecto de la crisis climática en los países con menores recursos, con una financiación de 100.000 millones de euros que permita desarrollar energías renovables y limitar el efecto de gases invernadero.

Raquel G. Monzón (WWF): “En la COP27 es vital avanzar en financiación y adaptación”
La presidencia egipcia del encuentro ha definido los cuatro objetivos claves de la cumbre: colaboración, financiación, mitigación y adaptación.

A. M. / M. T.

04 nov 2022 - 05:00

Temperaturas en máximos históricos, sequías, incendios o pérdidas de cultivos: no es una película postapocalíptica, son los retos a los que debe hacer frente la COP27. Del 6 al 18 de noviembre se celebrará en la ciudad egipcia de Sharm El-Sheikh, a orillas del mar Rojo, la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas, donde los líderes mundiales deberán encontrar acuerdos para frenar los avances del cambio climático en el planeta.

 

En este nuevo encuentro, los líderes mundiales buscarán implementar medidas efectivas contra la advenediza catástrofe climática. “Los países deben pasar a la acción, intensificando sus esfuerzos para que las soluciones se apliquen, se reduzcan las emisiones y el calentamiento global se limite hasta los 1,5 grados centígrados”, señala Raquel García Monzón, técnico de energía en WWF España.

 

La presidencia egipcia del encuentro ha definido los cuatro objetivos claves de la cumbre: colaboración, financiación, mitigación y adaptación. Para lograr avances significativos, los países están llamados a tomar medidas “audaces e inmediatas”, con el objetivo de limitar el efecto de los gases invernadero, así como de ayudar a las comunidades más vulnerables a combatir los efectos del cambio.

 

 

 

 

Para ello, la cumbre avanzar en el cumplimiento de una financiación de 100.000 millones de euros que permita a los países con menores recursos implantar políticas de adaptación y mitigación a la situación, como el desarrollo de energías renovables o el hidrógeno verde. “Los países en vías de desarrollo son quienes más sufren los efectos del cambio, por lo que es importante que, aprovechando que la cumbre se celebra en África, el diálogo se centre en la convergencia entre clima, naturaleza y ciencia en las regiones más pobres”, añade Monzón. La ley fue aprobada en 2019 y debería haberse cumplido en 2020, pero su culminación se ha ido postergando.

 

Este año, la guerra de Ucrania ha puesto de manifiesto la dependencia que tienen las grandes economías a los combustibles fósiles, por lo que el contexto político puede ser un vehículo para comenzar un proceso de transición energética. “Ahora que han pasado 25 años del protocolo de Kioto, nos hemos dado cuenta de que no podemos depender únicamente de los combustibles fósiles, por lo que hay que atajar la brecha de emisiones con energías más limpias”, asegura Monzón, quien deduce que “no sólo vale que un país haga los deberes, sino que el compromiso debe ser global”.

 

El compromiso parece haber alcanzado la calle. Sopa de tomate sobre Los Girasoles de Van Gogh, puré de patata en Los Almiares de Monet o una tarta sobre la estatua de Carlos III. Las últimas semanas, vídeos de los activistas medioambientalistas han alborotado las redes sociales, demandando que los Gobiernos mundiales detengan las nuevas licencias de petróleo y gas. Mientras el hartazgo social se acentúa, los dirigentes políticos parecen haber perdido credibilidad, y la joven activista Greta Thunberg ha señalado que no asistirá a la COP27, debido a que es un “evento que hace greenwashing al poder mundial”.

 

 

 

 

“Si la sociedad no observa cambios efectivos en las políticas medioambientales, al final desconecta, pero no podemos cometer el error de ceder y dejar de hablar del tema, sino obligar a nuestros líderes a trabajar en términos más concretos”, concluye Monzón.

 

Para el World Economic Forum, el cambio climático pone en jaque el sistema alimentario mundial, ya que el aumento de temperaturas o la deforestación ya han disminuido un 21% la productividad de las tierras fértiles y amenaza con incrementar un problema ya acentuado por la guerra en Ucrania, los problemas en la cadena de suministro o los precios de la energía.