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Sede burbuja y factor cancha: la NBA reinventa un negocio de 8.760 millones

La liga norteamericana de baloncesto votará hoy la fecha de regreso, el formato de competición y otros asuntos económicos y deportivos que no sólo son un parche para salvar la actual temporada, sino que podrían cambiar las reglas de juego de la NBA a corto y largo plazo.

Álvaro Carretero

4 jun 2020 - 04:57

Sede burbuja y factor cancha: la NBA ultima los flecos de un negocio de 8.760 millones

 

 

Cuando la NBA suspendió la temporada, la primera competición deportiva en hacerlo, aún faltaban 259 partidos de temporada regular, que suponen el 21% del total. Adam Silver, comisionado de la liga, también fue el primero en repetir que no esperaban volver antes de mayo, mientras otras propiedades deportivas en Europa y EEUU se daban prórrogas de quince días para estudiar su regreso. Su negocio, que en 2018-2019 movió 8.760 millones de dólares, trata de esquivar lo mejor posible el golpe del coronavirus y situarse a la vanguardia en la nueva normalidad del deporte profesional.

 

La competición anunciará hoy la fecha oficial de regreso, así como la sede y el formato de competición, entre otras cuestiones. Los medios especializados de EEUU ya apuntaron que será en Disney World (Orlando), y que el Espn Wide World of Sports Complex será el centro neurálgico y donde se disputarán los encuentros.

 

La calma con la que la NBA ha gestionado su vuelta a las canchas contrasta con las prisas de otras competiciones. Destaca, además, la sintonía que teleoperadores, propietarios de las franquicias, liga y sindicato de jugadores han mantenido, una relación que atraviesa su mejor momento histórico tras la firma del último convenio colectivo, que repartía a partes iguales los ingresos entre deportistas y empresarios.

 

Esa confianza ha sido la clave para no tomar decisiones precipitadas, ni abrir un frente entre patronal y sindicato por las condiciones de la vuelta, como ha sucedido en la MLB. La asociación de jugadores, con Chris Paul y otras estrellas a la cabeza, han logrado unidad en torno a los atletas, conscientes de que las pérdidas que afrontaba la liga también repercutirían sobre su salario presente y futuro.

 

 

 

 

Los ingresos que la NBA pone en juego

 

Dentro del reparto habrá una parte irrecuperable: la del ticketing. La venta de entradas y abonos representa entre el 20% y el 25% del total de los ingresos de la NBA, por lo que jugar sin público costará en torno a 13,5 millones de dólares por partido a la liga. A esta partida hay que añadir el gasto que se realiza en los estadios, donde se incluye desde el aparcamiento, la bebida y la venta de merchandising, que oscila entre el 4% y el 14% del total. Es decir, que en total la NBA dejaría de ingresar en torno a 3.500 millones de dólares pese a reanudar la competición.

 

Lo que aún se desconoce es el impacto que tendrá el lockdown sobre los patrocinadores, cuyas activaciones giran en gran parte en los estadios. De hecho la visibilidad en televisión tampoco está aún garantizada, pues de jugar en una sede burbuja, no tendrían disponibles los espacios en el pabellón habitual del equipo.

 

De ahí que uno de los últimos flecos a resolver sea la composición de la sede única. En la reunión de hoy los propietarios deberán decidir hasta si se traslada el parquet de cada pista para recrear de la forma más fiel el factor cancha. En ese pack entra la presencia publicitaria estática y en videomarcadores (que se ajustarán para las tomas televisivas) y cualquier recurso que evite posibles pérdidas económicas por este activo. 

 

 

 

 

A la negociación con espónsors y las posibles pérdidas que pueda ocasionar si no lucen en las pistas de Orlando habría que añadir los 900 millones de dólares que la NBA tendría que abonar a los teleoperadores locales en caso de no alcanzar el mínimo de partidos disputados de temporada regular. La liga consta de 82 encuentros por año y la cifra mágica para no compensar a las televisiones es de 70 partidos retransmitidos. Para alcanzarla, aún se deberían jugar entre cinco y siete partidos por equipo antes de dar paso a los play-off.

 

Ahí es donde ha encontrado la NBA una de las principales brechas entre jugadores, propietarios y teleoperadores, y uno de los motivos que ha dilatado el anuncio de su regreso. El entrenador de los Warriors, Steve Kerr, fue uno de los primeros en afirmar que los equipos que no tenían nada en juego no deberían volver a jugar.

 

La opinión ganó fuerza durante las primeras semanas y la NBA reconsideró la premisa inicial de que los 30 equipos jugasen, reduciéndolos a sólo 22. Sin embargo, los propietarios y otros altos cargos alertaron del riesgo financiero que implicaba para mercados pequeños, que no podrían garantizar los contratos televisivos locales ni la visibilidad a sus patrocinadores. Clay Bennett, dueño de los Oklahoma City Thunder, apuntó además a la dificultad de volver la temporada que viene, pues los jugadores estarían parados desde marzo hasta diciembre, cuando empezará 2020-2021.

 

 

 

 

De hecho, los equipos no sólo se juegan el pase a play-off, a menudo más intrascendente para los que completan los últimos puestos, pues suelen caer en primera ronda ante conjuntos más fuertes deportivamente. En juego también están los últimos puestos, que otorgan mejores probabilidades en la lotería del draft, el principal mecanismo de reconstrucción para las franquicias y con el que muchas se juegan una parte importante de su futuro.

 

Los últimos flecos por resolver incluyen todo tipo de cuestiones, desde las económicas, hasta el formato de competición, que podría ser un torneo play-in para suplir a la fase regular, como antesala a unos play-off tradicionales. Todas deberán ser aprobadas por dos tercios de los propietarios de las franquicias, que ni siquiera han dado aún una fecha para arrancar de nuevo. Lo único claro, parece ser, es que la temporada como máximo se alargaría hasta el 12 de octubre.

 

La nueva temporada arrancará en diciembre de 2020, un cambio que se baraja que sea permanente a partir de ahora. De esta forma, no coincidiría con todo el año de la NFL (de septiembre a febrero), sino sólo con el último tramo y con parte de la MLB, que representa menos competencia para la NBA. Asimismo, se podría reubicar el calendario de la WNBA (de mayo a octubre) para no coincidir y, así, atender a la reivindicación de no complementar su sueldo en la liga americana con otro en Europa el resto de meses.

 

Sobre la mesa también quedaría el cambio de formato de temporada que la NBA iba a votar este verano. La propuesta, crear un torneo invernal y reducir el número de partidos de la temporada regular para frenar la caída en la audiencia, hubiera supuesto una revolución a los sistemas de competiciones en Estados Unidos, que nunca han explorado este tipo de torneos, más habituales en el Viejo Continente. Por ahora, se desconoce si la propuesta se votará en 2020 junto a un posible cambio en el calendario.

 

 

 

 

El límite salarial, en jaque

 

El límite salarial sólo ha caído dos veces en la historia de la NBA, y nunca más de 2,3 millones de dólares. Desde que Adam Silver asumiese el mando de la liga en 2014, el techo de gasto se ha duplicado desde los 58 millones que disponían las franquicias aquel año, como consecuencia del nuevo contrato televisivo y el resto de acuerdos comerciales, como el de Nike.

 

Dentro del convenio colectivo existe una cláusula por la que el salario de los jugadores pueden perder el 1,08% de su salario si los partidos se suspenden por causa de fuerza mayor, aunque tanto los propietarios como la liga se han comprometido a no ejecutarla, pese a la intención inicial de franquicias como los Philadelphia Sixers.

 

Lo que aún no se ha desvelado es cómo afectará al límite salarial de los equipos para 2020-2021, que se calcula a partir de los ingresos totales de la liga y los beneficios. La proyección era que la próxima temporada ascendiera hasta 115 millones de dólares y, en caso de no cumplirse, no sólo se recortaría el salario que un equipo puede ofrecer a los nuevos fichajes, sino que también implicaría numerosos reajustes para los equipos.

 

 

 

 

La mayoría confecciona sus plantillas para ciclos de hasta cinco años, el máximo número de años que un jugador puede firmar con un equipo antes de renovar su contrato o firmar con otra franquicia. Las proyecciones se realizan en base a las estimaciones del incremento del límite salarial, por lo que una fuerte caída supondría que muchas franquicias lo superarían el año que viene y tendrían que traspasar jugadores para liberar salarios o superar el impuesto de lujo, fijado en 139 millones.

 

Este es un recurso propio de la NBA, que a diferencia de otras competiciones apuesta por un límite salarial blando. La liga permite superar mediante excepciones el techo de gasto, pero a partir de los 139 millones se aplica una tasa. Por cada dólar que se supere, se debe abonar entre 1,5 dólares y 3,25 dólares extras. Los Portland Trail Blazers, por ejemplo, que esta temporada superaban en más de ocho millones dicho límite, han tenido que pagar más de 27 millones extras, aparte de los 138,7 millones en salarios a la plantilla.  

 

Ahora bien, tanto el límite salarial como el impuesto de lujo habían rebajado las previsiones para 2020-2021 incluso antes del coronavirus. Es decir, que los ingresos iban a seguir creciendo, pero no tanto como se había previsto. El motivo: la crisis diplomática abierta en China, que según Adam Silver iba a dejar a la liga un agujero de entre 400 y 500 millones de dólares por la pérdida de patrocinadores, eventos y partidos televisados. 

 

Todo ello mientras sobre la mesa aún pende la posibilidad de romper el actual convenio colectivo. La NBA tiene en su mano una cláusula por la que puede romper dicho convenio de forma unilateral, aunque a principios de mayo acordó con el sindicato de jugadores una prórroga de dos meses, hasta septiembre, para poder ejecutarla. De esta forma, ambas partes ganaban tiempo hasta conocer las pérdidas económicas y ajustarlo a la nueva situación.