Entorno

Fischer-Spasski: la ‘Defensa Siciliana Dragón’ que trascendió el tablero de la Guerra Fría

El Campeonato del Mundo de ajedrez de 1972 enfrentó al estadounidense Bobby Fischer y al soviético Boris Spasski. Lo que comenzó como una partida de ajedrez se convirtió en un símbolo de la rivalidad política entre EEUU y la URSS.

Fischer-Spasski: la ‘Defensa Siciliana Dragón’ que trascendió el tablero de la Guerra Fría
Fischer-Spasski: la ‘Defensa Siciliana Dragón’ que trascendió el tablero de la Guerra Fría
Boris Spasski se rindió tras 21 partidas ante su oponente Bobby Fischer.

David García Martínez

13 feb 2024 - 05:00

A lo largo de la historia, el deporte ha jugado su propio papel en la geopolítica mundial. Partidas de ping-pong, de ajedrez o incluso Juegos Olímpicos han sido determinantes en conflictos bélicos y movimientos civiles. Palco23 analiza los momentos en los que el deporte ha tomado un papel fundamental en el panorama político mundial.

 

 

Alfiles, peones y jaque mate. En el verano de 1972, el mundo tenía los ojos puestos en un tablero de ajedrez. La ciudad de Reykjavik, en Islandia, se convirtió en el escenario de la lucha entre dos gigantes del juego mental y sus respectivos países. Con la Guerra Fría como contexto mundial, el estadounidense Bobby Fischer y el soviético Boris Spasski se enfrentaron por el trono mundial del ajedrez, con sendos países en la retaguardia.

 

Lo que comenzó como un duelo deportivo se convirtió en un evento que trascendió las fronteras del ajedrez para convertirse en un símbolo de la rivalidad política y cultural entre Estados Unidos (EEUU) y la Unión Soviética (URSS).

 

Desde el final de la II Guerra Mundial, en 1945, la confrontación política, ideológica y militar entre Estados Unidos y la URSS fue aumentando hasta que se puso fin a principios de la década de 1990. El periodo comprendido entre ambas fechas se conoce como la Guerra Fría.

 

Pese a que ambas potencias nunca se enfrentaron de forma directa en el campo de batalla, sus diferencias llegaron al punto álgido en 1962, con la crisis de los misiles de Cuba: el descubrimiento por parte del país americano de bases con misiles nucleares soviéticos en Cuba.

 

 

 

 

Nunca hubo un claro vencedor en esa guerra, por eso, a principios de la década de 1970, el mundo necesitaba una catarsis, un enfrentamiento definitivo que sirviera para declarar, aunque de forma ficticia, un vencedor.

 

En 1972, un irreverente Bobby Fischer, que venía de ganar a varios rivales de renombre y posicionarse como el nuevo aspirante a rey del ajedrez mundial, se enfrentó al más conversador Boris Spasski. Uno representaba el capitalismo americano, mientras que el otro era la viva imagen del comunismo soviético.

 

El Campeonato del Mundo de ajedrez se disputó a 21 choques, con Fischer saliendo victorioso. El triunfo americano no sólo supuso llevar a la cima del ajedrez mundial al jugador de Brooklyn, sino que puso en jaque la superioridad cultural de la URSS. Durante la Guerra Fría, la competencia entre EEUU y la URSS se extendió a todos los ámbitos, desde la tecnología hasta la cultura y el ajedrez se convirtió en un terreno de batalla simbólico en el que ambos países buscaban demostrar su superioridad.

 

La primera partida ya suscitó ciertas tensiones deportivas y diplomáticas. A pocas horas del inicio del Campeonato del Mundo, Fischer estiró la cuerda y se negó a volar a Reykjavik. El entonces ministro de Justicia de Islandia, Ólafur Jóhannesson, exclamó en su discurso de apertura del torneo “me temo que su conducta está poniendo a Islandia en contra de los Estados Unidos”. El inicio retardado del torneo llevó a la URSS a confrontarse con Islandia, alegando que habían ayudado a EEUU en la victoria de Fischer.

 

 

 

 

En lo deportivo, el Campeonato comenzó con Fischer aletargado, demostrando un nivel muy por debajo del que había mostrado anteriormente. Las partidas siguientes mantuvieron a Spasski como dominador, hasta que, en el sexto choque, el americano abrió la partida con un Gambito de Dama, una jugada que no había puesto en práctica anteriormente y con la que buscaba sorprender a Spasski. Y así lo hizo. A partir de entonces, el americano revirtió la situación y encadenó tres victorias seguidas.

 

El Gambito de Dama consta de tres movimientos: las fichas blancas mueven primero el peón de la dama dos casillas hacia adelante. A continuación, las fichas negras responden moviendo su propio peón de dama dos escaques hacia adelante. Finalmente, las fichas blancas responden adelantando dos espacios el peón de su alfil de dama.

 

La igualdad reinó en los siguientes choques, hasta que, en la vigesimoprimera partida, Fischer volvió a sorprender a su oponente, con una Defensa Siciliana Dragón, una jugada que le permitía ser más agresivo. Tras un toma y daca sin un claro vencedor, en el movimiento número cuarenta la partida se detiene.

 

Las altas horas en las que se estaba jugando obligan a hacer una pausa y reanudar el choque al día siguiente, algo que nunca sucedería. Spasski estaba contra las cuerdas y ante esta situación, tras analizar las alternativas que tenía sobre el tablero, se rindió.

 

 

 

 

La derrota del ajedrecista soviético nunca se vivió como un mero asunto deportivo. La URSS recibió un duro golpe en aquello en lo que era uno de sus mayores motivos de orgullo. Por su parte, EEUU tuvo la mejor de las victorias propagandísticas con la Guerra Fría como coyuntura global.

 

El resultado también se vivió de forma totalmente distinta por lo que respecta a sus protagonistas. Fischer fue recibido en su país natal como un héroe, mientras que Spasski se convirtió en el nuevo enemigo del régimen soviético.

 

Tal fue el rechazo de la URSS a Spasski que el ajedrecista acabó en el exilio, yéndose a Francia en 1976. El final de Fischer no fue mejor que el de su colega. En 1975, fue despojado del título mundial al no presentarse a su partida ante la joven promesa Anatoly Kárpov, lo que le llevó a estar veinte años alejado de los tableros.

 

En 1992, veinte años después de su último encuentro, Bobby Fischer y Boris Spasski volvieron a sentarse cara a cara con un tablero de por medio en un Campeonato Mundial sin carácter oficial. Este se celebró en la antigua Yugoslavia y Fisher mantuvo su trono, al ganar por diez a cinco, con quince tablas.

 

La República Federal de Yugoslavia, que estaba bajo sanciones deportivas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), llevó a EEUU a lanzar un orden de arresto contra Bobby Fischer, que nunca volvió a su tierra natal. Ambos jugadores, coronados en su tiempo como los mejores ajedrecistas de planeta, compartieron más que el talento: el exilio.