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Segunda B Pro, un torneo con más luces que sobras con el ‘fair play’ financiero como anhelo

La competición será un torneo de transición entre el fútbol amateur y profesional y, si bien retrasará el salto a la élite de muchos equipos al ser una competición nueva, los clubes se muestran a favor de esta idea con la ambición de que mejore el atractivo del torneo y genere más ingresos por patrocinio y televisión de lo que genera la Segunda División B.

13 Jul 2020 — 04:59
P. López
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El Nàstic de Tarragona propone que todos los clubes que compitan en la Segunda B Pro deban convertirse en SAD

 

 

Apenas hay debate al respecto: es necesario crear una liga de transición entre la Segunda División B y LaLiga SmartBank. Así lo consideran los clubes consultados que, al defender al nuevo torneo, sitúan los motivos económicos en primer plano y por encima de los deportivos. La competición creada por la Real Federación Española de Fútbol (Rfef) debutará en 2021-2022, y en la que participarán equipos que no puedan tener deudas con las administraciones públicas, como Hacienda, la Agencia Tributaria y otras entidades.

 

El presidente de la UD Ibiza, Amadeo Salvo, fue uno de los impulsores de esta idea. “La Segunda B es un embudo que hay que desatascar; queremos una liga más profesional que obligue a los clubes a tener al menos el 50% de las fichas profesionales, y que sea más atractiva para vender los derechos de televisión y patrocinio”, afirma. El directivo lamenta que la desigualdad que existe en Segunda B lastra la competición, y está convencido de que el nuevo torneo permitirá a los equipos con mejor estructura y resultados deportivos competir.

 

El torneo se pondrá en marcha un año después de que la Segunda División B debute con un centenar de participantes, es decir, con veinte equipos más de los que tenía hasta ahora, debido a que en la temporada del Covid-19 no se firmarán descensos, pero sí ascensos desde Tercera División. “Creemos que la Segunda B Pro es más necesaria que nunca y un paso adelante, porque la Segunda B del año que viene acentúa las debilidades de la categoría”, recalca Bruno Batlle, director general del CE Sabadell.

 

 

 

 

Los equipos coinciden en que las debilidades del torneo son la falta de visibilidad y contar con equipos deficitarios y sin estructura, que probablemente alinean a jugadores sin contrato. “Necesitamos reducir el número de equipos y hacer una liga más atractiva, con más capacidad de generar ingresos, con equipos más profesionales y más sostenible, porque en Segunda B hay muchos equipos deficitarios”, añade Batlle, que insiste en que mejorar la calidad del torneo es una condición sine qua non para aumentar el negocio y reducir la brecha entre el deporte semiprofesional y la Segunda División.

 

Los equipos reivindican que la Rfef tendrá que imponer una serie de medidas de control económico, el conocido fair play financiero que ya existe en LaLiga, pero adaptado a los clubes semiprofesionales. “El único camino para ser creíble y conseguir que tus aficionados y las empresas confíen en ti es tener un control económico riguroso y con máxima transparencia”, asegura Lluís Fàbregas, director general del Nàstic de Tarragona.

 

El directivo considera que para competir en este torneo “todos los participantes tendrían que que cumplir con el fair play financiero de manera obligada y convertirse en sociedad anónima deportiva (SAD)”, lo que implica que los clubes cuenten con 4,3 millones de euros de capital social.

 

 

 

 

Esa cantidad sería el billete de entrada a una categoría en la que la Rfef deberá de explotar los derechos comerciales y audiovisuales para mejorar los ingresos de los clubes. A su vez, obligaría a los equipos a realizar ampliaciones de capital para cumplir con este requisito, una tarea nada sencilla teniendo en cuenta que la media de ingresos de un club de Segunda División B oscila entre un millón y dos millones de euros.

 

Con todo, está por ver si finalmente es necesario convertirse en SAD para poder competir a nivel profesional. De hecho, el borrador de Ley del Deporte aprobado en febrero de 2019 contemplaba la supresión de la norma que en 1992 obligó a los equipos de fútbol y baloncesto a convertirse en una mercantil. La idea era eliminar esa condición a cambio de establecer mayores mecanismos de control y no forzar la conversión en empresa.

 

La cara B de la Segunda B Pro es que, al crear una competición adicional entre el fútbol semiprofesional y la LaLiga SmartBank, se prolonga el camino que debe cumplir un equipo para alcanzar una competición de élite, como es la Segunda División, cuyos derechos audiovisuales se venden de manera centralizada y suponen una gran inyección económica para los clubes.

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