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¿Son los JJOO un buen negocio?

 

Ya estamos inmersos en los juegos de Tokio 2020. Unos juegos que llegan con un año de retraso sobre el calendario oficial a causa de la pandemia y qué a pesar de los avances en la lucha contra el Covid-19, seguirán siendo diferentes como consecuencia del virus.

 

Sin ir más lejos en los primeros días de convivencia en la Villa Olímpica ya se han detectado en algunas delegaciones casos de infectados, lo que añade dificultad a la gestión de un espacio en el que van a convivir algo más de 15.000 atletas. En Tokio 2020 solo habrá atletas. No habrá ni turistas, ni espectadores, ni aficionados por la calles jaleando a los deportistas de su país.

 

Serán pues unos juegos sin público, lo que representará un impacto enorme en las cuentas de los considerados Juegos Olímpicos más caros de la historia. La inversión inicial prevista era de 12.600 millones de dólares. Sin embargo, el retraso de la celebración, el mantenimiento de las instalaciones y el impacto publicitario como consecuencia de la suspensión inicial y de las medidas sanitarias extraordinarias que se han tomado como consecuencia de la pandemia, han provocado un incremento del 25% de la inversión, con lo que Tokio 2020 costará algo más de 15.000 millones de Euros.

 

Los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, que en su momento fueron considerados como los mejores juegos de la historia, por el propio presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), el catalán Joan Antoni Samaranch, supuso una inversión de más de 9.000 millones de dólares, según las cuentas aportadas por las autoridades olímpicas.

 

La gran diferencia con respecto a Tokio, es que aquella inversión fue destinada a la construcción de nuevas infraestructuras y al cambio de modelo urbanístico de la ciudad. Hoy todavía perduran instalaciones e infraestructuras viarias que se han convertido e esenciales para el comportamiento urbano de la ciudad.

 

Todos los expertos consideran que la celebración de unos JJOO, deben ir más allá de la propia competición deportiva, ya que representan en muchos casos la transformación completa de muchas ciudades y la exposición a nivel global, lo que implica situarse en el mapa turístico mundial. A Barcelona le sucedió y hoy todavía hay quien la visita porque albergó unos Juegos Olímpicos.

 

En Tokio 2020 los derechos de televisión serán explotados en Estados Unidos por la cadena NBC, que ha anunciado unos ingresos publicitarios y por venta de imágenes superiores a los 1.200 millones de dólares. Hay que recordar que el grupo Discovery Communications llegó en 2015 a un acuerdo con el Comité Olímpico Internacional para hacerse cargo de la retransmisión de las citas olímpicas desde 2018 (Juegos Olímpicos de invierno de PyeongChang, Corea del Sur), hasta 2024 (Juegos Olímpicos de París, Francia), con cifras adquisición de los derechos que ascienden a 1.300 millones de euros.

 

Para que comprendan si estas cifras representan una buena inversión quédense con tres datos: en Barcelona 92 la ceremonia de inauguración tuvo una cuota de pantalla del 62,4%, en Atlanta, cuatro años después alcanzó el 75,8%. Sin embargo en la última edición de 2016 celebrada en Rio de Janeiro solo fue del 19%.

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