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Vientos de cambio en la vela: innovación y nuevas generaciones con los clubes náuticos al timón

La cultura náutica española se ha basado en las disciplinas de vela ligera en lugar de la oceánica y, tras una década y media en la que el número de federados ha caído un 25%, el sector afronta los próximos años como un momento clave en su transformación.

Álvaro Carretero

20 jul 2020 - 04:58

Vientos de cambio en la vela: innovación y nuevas generaciones con los clubes náuticos al timón

 

 

La vela en España es uno de los deportes con mayor tradición, aunque nunca ha superado su condición de nicho. Más allá del impacto mediático que copan eventos como la Copa del Rey de Mallorca o los Juegos Olímpicos, el tejido asociativo se ha visto lastrado por la Ley de Costas y Puertos, por la carencia de estímulos públicos para impulsar la práctica desde la base y la elevada barrera de entrada en términos económicos. Sin embargo, en los últimos años se ha dado un giro a través de la innovación tecnológica, con barcos ultraligeros, programas de desarrollo y nuevas competiciones para seducir a las nuevas generaciones.

 

Captar a nuevos perfiles de practicantes es una de las claves para entrar en un nuevo ciclo. En la última década y media, la vela ha perdido un cuarto de sus federados, que en 2018 se situaban en 40.769 personas, según los últimos datos publicados por el Consejo Superior de Deportes (CSD). La crisis económica de 2008 provocó que muchos socios se dieran de baja de los clubes náuticos, que son el eje central para la práctica de base, y tras la pandemia del Covid-19, el temor es que suceda lo mismo.

 

“El Covid-19 ha sido muy duro y lo seguirá siendo”, se lamenta Emerico Fuster, elegido presidente del Real Club Náutico de Palma de Mallorca (Rcnp) este año. “Hemos tenido muchas bajas, las competiciones se han suspendido, el Gobierno insular ha aprobado por decreto que no podamos tener más de 70 personas en las instalaciones al aire libre y las instalaciones están funcionando bajo mínimos; no nos vamos a engañar, estamos muy mal y muchos clubes no van a aguantar”, añade.

 

 

 

 

La pérdida de este tipo de entidades afectará directamente a la práctica y la promoción de la vela, pues son prácticamente la única puerta de entrada a este deporte. El problema será incluso mayor para los clubes náuticos de playa, que a diferencia de entidades como la de Mallorca o Barcelona, son pequeños centros de carácter social con menos recursos económicos.

 

A la incertidumbre del Covid-19 se añaden otros dos problemas de carácter estructural contra los que luchan los clubes náuticos. Por un lado, la Ley de Costas, que prohibió a los centros catalanes ocupar más de 300 metros cuadrados de playa y ha conllevado el cierre de varias instalaciones. Por otro lado, los grandes clubes náuticos, ubicados en los puertos, operan bajo el régimen de marina en sus concesiones y no como entidades sociales, por lo que no pueden aplicar a ayudas y otros incentivos que impulsen su actividad.

 

“Las marinas son negocios, nosotros clubes deportivos sin ánimo de lucro porque los beneficios se reinvierten en el club”, señala Félix Escalas, presidente del Real Club Náutico de Barcelona (Rcnb). “Ni siquiera la Administración tiene claro lo que somos, lo que añadido a que el dinero de las federaciones se destina casi únicamente a los equipos olímpicos, complica mucho el desarrollo de la vela”, subraya.

 

María del Mar Ros, consejera delegada del proyecto Spanish Impulse, que gestiona el Team Spain que compite en SailGP, se muestra en la misma línea: “España, por tradición náutica, debería tener la obligación de destacar en estas disciplinas, pero sólo se produce en base a los Juegos Olímpicos porque las subvenciones que las federaciones reciben del CSD están supeditadas al resultadismo y la visibilidad de estas citas; el resto es inexistente”.

 

 

 

 

Barcos ultraligeros y escuelas

 

La cultura de la náutica en España está marcada por la práctica de la vela ligera, con un escaso protagonismo para la oceánica. “Todos empezamos a navegar en la ligera cuando tienes la edad para hacerlo, es la cantera del deporte, y luego cada uno se enfoca en la categoría que más le guste”, explica el presidente el RCN de Barcelona.

 

La evolución tradicional del navegante sería transicionar a la de crucero, como ha hecho el español Alex Pella, aunque resulta complejo dado que sólo los clubes de puerto, los de mayores dimensiones, tienen acceso directo a mar abierto para sacar estas embarcaciones. Este hándicap logístico es uno de los condicionantes que ha impedido el desarrollo de la vela de crucero, pero no el único.

 

“España nunca ha apostado por esta modalidad, como sí ha sucedido en Francia; se necesita un muy buen barco, espónsor y más tripulación”, señala Fuster. Para el máximo responsable del club mallorquín estos factores hacen que “la vela de crucero vaya en declive, mientras que la ligera cada vez gane más adeptos y practicantes y que se esté construyendo un ambiente muy diferente”, subraya.

 

 

 

 

El desplome en las fichas federativas, de hecho, se corresponde con el descenso de esta modalidad. La vela ligera, sin embargo, se ha visto catapultada por las innovaciones tecnológicas y el auge de embarcaciones ultraligeras, los foilers. “La vela va a dar un vuelco significativo en los próximos años porque los barcos clásicos han quedado obsoletos”, asegura Fuster.

 

Bajo esta premisa se ha construido el proyecto Spanish Impulse, que cuenta con una tripulación joven, la mayoría olímpicos, y que compaginan tanto vela ligera como de crucero. “Hasta ahora no había algo así en España, que además esté apoyado por los principales clubes náuticos, que no sean solo proyectos de una empresa que lo financie temporalmente, y que aspire a competir en las principales regatas internacionales”, destaca Ros.

 

Este tipo de regatas se celebra en las proximidades de la orilla, lo que permite su seguimiento desde tierra y lo acerca a nuevos públicos. Además, el tipo de barcos permite que el componente de velocidad gane peso, clave para atraer a las nuevas generaciones. “No puedes meter a un niño en un optimist y hasta el Comité Olímpico Internacional (COI) se ha dado cuenta y está contemplando ya dar cabida a los nuevos barcos en su programa”, indican.

 

 

 

 

Se trata de embarcaciones que requieren una mayor tecnicidad y forma física y que, además, permiten realizar más maniobras y dinamizar la competición, especialmente en el plano audiovisual. El auge es tal que el Rncp, incluso, ha realizado una fuerte inversión para comprar tres embarcaciones de estas características este año, antes del Covid-19, para cubrir la demanda e impulsar nuevos talentos.

 

A medida que las nuevas modalidades vayan calando, se volverá a ensanchar el caudal de practicantes. Aunque aún quedará por resolver el acceso a los clubes náuticos, ya que muchos no pueden permitirse el alto coste que supone el deporte, la cuota de socio y el amarre, entre otros gastos. Para ello “hace falta un programa de ayudas públicas que rebajen las barreras de acceso a este tipo de deportes y trabajar más de la mano con instituciones y federaciones”, resalta Nacho Delgado, miembro de Spanish Impulse.

 

“Vivimos de espaldas al mar, ojalá tener una semana azul para las escuelas, igual que la semana blanca con el esquí, pero la realidad es que eso sólo se lleva a cabo por iniciativa de los clubes”, resalta Delgado. Tanto el de Barcelona como el de Mallorca cuentan con sus propios proyectos con colegios locales, aunque ambos sostienen que “no todos tienen los recursos para poder hacerlo, aunque tengan voluntad”.

 

 

 

 

“Cuando hablamos de que los clubes náuticos somos el tractor de este deporte, sobre todo en la formación, es por acciones así; si no estamos en la ecuación, la vela se muere”, se lamenta Fuster. El centro mallorquín, por ejemplo, destina 400.000 euros anuales a la promoción de estos proyectos, todo ello financiado con ingresos propios y con un pequeño porcentaje de la cuota de sus socios.

 

El modelo pasa por Francia, con una gran tradición náutica y un mayor calado entre la sociedad. En el país galo el acceso al mar está garantizado por ley y debe haber una rampa para embarcaciones para ciertos metros de playa. De esta forma no se depende únicamente de si hay un club náutico en la zona para practicar la vela y, además, existen diferentes partidas e incentivos para las entidades.

 

“Tenemos que entender que entender que no sólo somos deporte, sino toda una industria que toca el turismo, la construcción naval, genera empleo y posiciona a España a través de las competiciones internacionales, pero para eso no podemos seguir el camino solos”, concluye Delgado.