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Verticalidad, conectividad y eventos de ocio: así serán los estadios de eSports

Los deportes electrónicos se practican presencialmente en recintos que se ocupan para eventos de gran entidad, pero los grandes clubes miran al futuro y edifican sus propios campos.

Álvaro Carretero

03 abr 2019 - 04:57

Los deportes electrónicos se practican presencialmente en arenas de otros clubes o recintos que se ocupan para eventos de gran entidad, pero los grandes clubes de la industria empiezan a mirar al futuro y edificar sus propios campos.

 

 

En los años 50, la NBA descifró la fórmula para obtener ingresos a través de los recintos deportivos. La liga norteamericana de baloncesto, que en aquella época compartía sus pabellones con equipos de otras ligas, estiró el calendario para mantener las gradas siempre llenas hasta que arrancase otra competición. El objetivo era rentabilizar la enorme inversión que suponían entre construcción y posterior mantenimiento, para lo que incluso alquilaban espacios para conciertos y otros eventos de ocio. Y este es precisamente el modelo que los clubes de eSports intentan replicar en la actualidad, con tal de tener su propio hogar.  

 

La construcción de estadios de eSports se ha convertido en uno de los principales objetivos de clubes y ligas. Aunque aún no hay una base común sobre la que se sustenten estos nuevos pabellones, una de las características que destaca es la verticalidad, con gradas que crecen hacia lo alto, lo que permite una mejor visibilidad del escenario principal donde se sitúan los gamers, según el estudio de arquitectura Hok. También se instalan plataformas gigantes que permiten seguir los enfrentamientos, que ya no suceden en la pista, sino en las propias pantallas. 

 

Sin embargo, si por algo destacarán estos recintos será por la capacidad de generar todo tipo de experiencias de cara a su comunidad de aficionados. El objetivo es dejar atrás la tradicional concepción del deporte, en el que el espectador acude únicamente a disfrutar un evento que se centra únicamente en lo que sucede en el campo. Los nuevos estadios tienen por delante el reto de integrar la tecnología para convertirse en arenas que aporten un valor añadido y transformen la industria del entretenimiento deportivo. 

 

 

 

 

Uno de los primeros clubes en poner en marcha la construcción de su propio estadio son los Philadelphia Fusion, un proyecto en el que invertirán 50 millones de dólares (44,5 millones de euros). El recinto, que estará disponible a partir de 2021, tendrá capacidad para 3.500 espectadores y responde a los planes de expansión de la Overwatch League, cuya ambición es crear una liga global con clubes que disputen sus encuentros en campos de su propiedad repartidos por todo el mundo.

 

“Creemos que dar a los equipos la oportunidad de construir una base de operaciones y poner su propio sello supone una tremenda oportunidad que abre una nueva vía de ingresos económicos para el equipo, más allá de los tradicionales, como la venta de tickets", ha afirmado Nate Nazer, comisionado de la Overwatch League.

 

Con esta nueva iniciativa, que arrancará a partir de 2020, la liga abandonará definitivamente el Blizzard Arena de Los Ángeles y se acercará aún más a un sistema de competición del deporte tradicional, en el que se disputan partidos de ida y vuelta, con una asistencia regular de aficionados y el desarrollo de una identidad deportiva ligada a la ciudad donde se ubica.

 

 

 

 

Los estadios son uno de los principales objetivos de una industria en la que los clubes se han enfrascado en una carrera por resolver el rompecabezas de alcanzar la sostenibilidad económica por sí mismos, sin depender tanto de los publisher, que aún aportan entre el 85% y el 95% de los ingresos para la mayoría del sector. Los equipos podrían encontrar vías de financiación tanto desde la venta directa de tickets, como a través de las activaciones publicitarias e incluso administrando los derechos de explotación de los naming rights.

 

Pero el aspecto más destacado de estos nuevos arenas de eSports es que no sólo se conciben como templos de los deportes electrónicos, sino que se diseñan para albergar eventos de todo tipo, desde conciertos hasta actos institucionales, al estilo de los campos de fútbol como el Wanda Metropolitano o los pabellones como el Wizink Center. Son recintos que se conciben con el objetivo de diversificar su oferta para abarcar a la industria del ocio en su conjunto, de forma que se mantenga un ritmo regular de ocupación mientras no hay partidos.

 

De esta forma, los clubes y las empresas que ostentan los derechos de explotación de los estadios hallan alternativas para no depender exclusivamente de los eventos deportivos, cuya presencia es limitada.

 

 

 

 

Evidentemente, no todos los clubes ni competiciones manejan los mismos presupuestos como para pensar en diseñar complejos de similares características. Sin embargo, en una industria en pleno desarrollo que aspira a derribar la barrera de los mil millones de dólares en ingresos (963 millones de euros), edificar estadios es un paso simbólico para consolidar su visibilidad y su presencia tanto a nivel social como deportivo.

 

Los eSports, desde su inicio, han sido nómadas que se han ido trasladando en busca de localizaciones donde poder acoger sus eventos. Construir un recinto exclusivo para un club o una competición supone sacar definitivamente a los deportes electrónicos de las pantallas y trasladarlos a la arena pública.