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Las cláusulas de rescisión, ¿aliado o enemigo del fútbol español?

Los expertos coinciden en que es un mecanismo con algunas disfunciones, pero que el foco del debate debería estar en el ‘fair play’ financiero y una regulación global.
14 Sep 2017 — 04:59
Marc Menchén
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Las cláusulas de rescisión, ¿aliado o enemigo del fútbol español?

 

Las cláusulas de rescisión han existido desde 1985 en España, pero probablemente no habían estado tan en cuestión desde este verano. La inesperada capacidad del Paris Saint-Germain (PSG) para abonar los 222 millones de euros por la libertad de Neymar y la decisión de última hora de Vitolo de pagar para dejar el Sevilla FC han abierto el debate. Ya no sólo sobre el precio de determinadas operaciones, sino también si los clubes de La Liga están en situación de desventaja respecto a sus rivales europeos. ¿Necesita España poner fin a este derecho laboral? ¿O debe batallar para que, al menos, se aplique en toda la Unión Europea?

 

“En el fútbol hay mucho que cambiar. No tiene nada que el de hoy en día y con el de hace diez años, y no hemos adaptado las normas para que no se produzcan distorsiones en la industria”, apunta Esteve Calzada, consejero delegado de Prime Time Sport, consultora que cada verano analiza el mercado de fichajes. Según su último estudio, de las once operaciones realizadas en la última ventana mediante el pago de la cláusula, diez pertenecían a equipos de La Liga, y el otro es Paulinho, que llegó al FC Barcelona procedente de China, donde también existe esta fórmula.

 

La obligación de establecer una indemnización en el contrato mediante la que el jugador puede rescindir el contrato de forma unilateral existe en España, pero también en otros países como China, Brasil y Holanda. “En Inglaterra, el jugador está en manos del club y me imagino que ahí querrían tener esas cláusulas”, opina Juan de Dios Crespo, abogado de Ruiz-Huerta Crespo y protagonista este verano por asesorar en la salida de Neymar del Camp Nou. “Allí hay capacidad en casos concretos y excepcionales según quién eres; lo que pueden hacer es pedir el transfer request como requisito formal para empezar a marcharse”, añade Mario Resino, senior manager de KPMG Sports, sobre casos como el de Luis Suárez y el Liverpool FC en su momento.

 

 

Ahora bien, en unas cláusulas donde muchos ven un riesgo para el fútbol español, otros ven un elemento que, de facto, ha permitido hacer casi imposible que un jugador pague por su libertad. Javier Hervás, socio responsable del área legal de KPMG Sports, apunta que “la cláusula ha ido perdiendo su naturaleza, con cifras desorbitadas que hacen que se trate de un derecho a la retención encubierto, ya que entorpece la capacidad del jugador para rescindir su vínculo”.

 

El Real Decreto 1006/1985, sobre deportistas profesionales, establece que si club y empleado no pactan de antemano el importe de la cláusula deberá ser determinado por un juez. Ahora bien, se han dado casos en los que los jugadores han recurrido ante los tribunales que esa cláusula estaba fuera de toda realidad de mercado. “La clave es que los términos estén fijados y acordados previamente por el club y el jugador, de modo que, en caso de realizarse una operación, ninguna de las partes pueda alegar desconocimiento de los términos”, argumenta René Ramos, director de RR Soccer Management Agency, que tutela las carreras de Sergio Ramos y Marcelo.

 

En un momento en el que se habla de cláusulas de hasta 700 millones de euros, el sindicato internacional Fifpro apunta a Palco23 que “las cláusulas de compra exageradas infringen los principios de la legislación de la Unión Europea (UE) porque restringen la libertad de circulación”. En este punto, la organización de la que también forma parte la AFE recuerda que el artículo 17 del Reglamento de la Fifa sobre el estatuto y la transferencia de jugadores “exige la aplicación de criterios objetivos si un jugador o un club desea rescindir un contrato. Las cláusulas de compra no cumplen con dichos criterios”.

 

Es una opción que los jugadores no tienen en países como Alemania, Italia, Francia o Inglaterra, lo que ha provocado que este verano el Barça no haya podido ni siquiera obtener un precio mínimo de venta para hacerse con los servicios de Coutinho o Verratti. En estos casos, el jugador puede solicitar la rescisión de su contrato sin causa justificada, aunque con el riesgo de verse expuesto a una sanción de cuatro meses sin jugar partidos oficiales según en qué momento tensen la cuerda. “Los clubes no pueden presionar demasiado por esto”, apunta Resino.

 

La Fifa sólo permite que un futbolista acuda a sus oficinas a reclamar que fije un precio para su traspaso bajo un solo escenario: deben haber transcurrido “tres temporadas completas o tres años, lo que ocurra primero, tras la entrada en vigor de un contrato, si el contrato se firmó antes de que el jugador profesional cumpliese 28 años”, según consta en el reglamento. Este periodo baja a dos años si es mayor de 28 años y, según apunta Resino de KPMG, “existen casos que avalan que tras una renovación no se vuelve a iniciar el contador de tres años”.

 

Fernando Pons, socio de Deloitte responsable de Sports, y Arturo Gayoso, socio de Financial Advisory de la firma, consideran que si bien “no son un elemento fundamental para determinar la permanencia de un jugador”, la cuestión de las cláusulas y el mercado de fichajes “debería tener mecanismos de control a nivel europeo”, en tanto que “el fútbol se ha convertido en una industria global”. “Unificar a más de 200 países es complejo y, quizás, lo más importante es controlar el fair play financiero”, apunta Crespo.

 

Hervás, que desde KPMG ha dirigido importantes casos en el ámbito laboral del deporte, advierte que “sería muy complejo legalmente dar marcha atrás en que un jugador pueda romper su contrato. No veo claro retroceder, pero cualquier modificación debería venir por una reforma más general del deporte profesional”. “No podemos legislar por un hecho concreto”, añade Crespo, quien tira de una anécdota para contextualizar la excepcionalidad de lo sucedido este verano: “cuando Mijatovic se fue del Valencia, nadie creía que se fuera a pagar una cláusula tan importante para la época, unos cien millones de pesetas. El mercado ha aumentado y las cláusulas también porque existen mayores ingresos económicos. Si fuera al revés, un mundo sin cláusulas, quizá tendríamos una huelga para obtenerlas…”.

 

De hecho, de todas las conversaciones mantenidas por Palco23 para este reportaje se desprende que el foco de actuación en las reformas debería estar en el control económico. “Es la verdadera distorsión, hasta dónde hay que regular cuando aparecen fondos soberanos”, enfatiza Hervás. “La regulación debe evolucionar para responder a esta nueva realidad y no poner en peligro el funcionamiento, sostenibilidad y existencia de los clubes”, añaden en Deloitte.

 

 

Más rotundo se ha mostrado el presidente de La Liga, Javier Tebas, quien ha solicitado a la Uefa que investigue a fondo la operativa del Paris Saint-Germain (PSG) y el Manchester City, ambos controlados por fondos vinculados a países de Oriente Medio. “El mercado no se ha vuelto loco. Es dopaje financiero, y esto se produce cuando entra una cantidad de dinero excesiva procedente de un sector diferente, produciéndose un efecto de inflación y desestructurando las competiciones”, denunció.

 

La propia Asociación Europea de Clubes (ECA) ha admitido la necesidad de revisar las normas de control económico, que a nivel continental son muy dispares. Para entender la problemática: mientras un club de La Liga debe mostrar contratos que avalen que sus ingresos crecerán en la temporada que empieza si quiere más capacidad de gasto salarial, el PSG se ha propuesto darse un año para generar los recursos que le permitan absorber los costes asociados a los fichajes de Neymar y Mbappé. ¿Por qué? Porque la Uefa analiza siempre las cuentas a posteriori y ofrece un margen de hasta 30 millones de euros de pérdidas siempre que el máximo accionista los aporte.

 

La propia organización no tiene muy claro cómo pueden afrontar el nuevo escenario, más allá de globos sonda que se han lanzado en los últimos meses, como la imposición de un impuesto de lujo a determinados fichajes o la limitación de fichas. “Será cuestión de ver cuántos jugadores tiene cada club. En Italia, por ejemplo, hay equipos con 103 jugadores con contrato y no es la Juventus. Nunca juegan, ¿para qué los quieren?”, explicaba recientemente el presidente de la Uefa, Aleksander Ceferin.

 

Fifpro no comparte que se limite el número de inscripciones, aunque sí avala que se grave a los grandes clubes. “Sugerimos otras medidas que respondan más eficazmente a la creciente brecha de riqueza del fútbol, ​​como un impuesto progresivo sobre los honorarios de traspasos, cuyos fondos sean distribuidos a los clubes menos ricos para apoyar el desarrollo de los jóvenes y el bienestar de los jugadores”. “Es algo complejo”, insiste Ramos, en línea con el resto de voces del sector. ¿Será el partido más difícil para la industria del fútbol?

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