Entorno

La relación federaciones-ligas se marchita y pone en jaque al deporte profesional

Fútbol, baloncesto, balonmano y tenis son algunos de los deportes más populares del planeta, y todos ellos están sufriendo vaivenes continuos a causa de las tensiones entre los reguladores y los organizadores de las competiciones privadas.

La relación federaciones-ligas se marchita y pone en jaque al deporte profesional
La relación federaciones-ligas se marchita y pone en jaque al deporte profesional

Guillermo G. Recio

23 jul 2018 - 05:00

El deporte compite con toda la industria del entretenimiento, que mueve casi dos billones de euros en el mundo

 

 

Fin de semana, 48 horas y miles de partidos de las diferentes disciplinas deportivas más populares del mundo a un clic de captar la atención de los fans. Fútbol, baloncesto y tenis son algunos de los principales rivales en un espectro del entretenimiento que cada vez es mayor. Y, por este motivo, torneos y ligas se empeñan año tras año en revolucionar los calendarios e intentar hacer de sus competiciones las más atractivas del momento. ¿El resultado? Tensiones constantes entre las federaciones deportivas y los organizadores privados de estos campeonatos.

 

La idea es sencilla: competir con el cine, las series, la música y una industria que ya mueve casi dos billones de euros en todo el mundo. La lucha por el tiempo de los espectadores es clave para sobrevivir en una época llena de revoluciones y cambios inmediatos, como demuestra el ascenso de los eSports y su gran base de fans jóvenes, que son el principal talismán para el futuro.

 

Actualmente, en plena globalización, las tensiones entre federaciones y competiciones por hacer cada vez un producto más atractivo para abarcar a más aficionados ha puesto de relieve la complejidad de estas relaciones. Sólo las competiciones más internacionales como el motor han sido capaces de trazar una estrategia sólida y constante que se ha traducido en dos nombres propios: Fórmula 1 y MotoGP.

 

 

 

 

El resto, incluso disciplinas tan potentes como el fútbol, viven en una vorágine de presiones sin un futuro claro. En el deporte rey hay diferencias de todo tipo, desde desencuentros por el día a día de esta industria en el ámbito nacional hasta desavenencias en la visión estratégica del fútbol internacional. Es el caso de los problemas entre LaLiga y la Real Federación Española de Fútbol (Rfef) que, tanto por calendario como por declaraciones, continúan viviendo en un momento delicado a la espera de ese deshielo entre Javier Tebas y Luis Rubiales.

 

En el ámbito internacional, los mayores clubes de fútbol del mundo presionan año tras año por contar con más recursos y enfocar su futuro a una Superliga europea, algo a lo que las ligas nacionales no están dispuestas a ceder. Por su lado, la Fifa quere su propio gran torneo de clubes y ha prometido un mínimo 51 millones por participar en su Mundial de Clubes, mientras que la Uefa pagará más de 100 millones a los grandes clubes por la Champions. Además, la federación internacional contempla también mayor implicación de todo el fútbol en las selecciones, y muestra de ello es la Nations Cup o un Mundial que se celebrará entre noviembre y diciembre de 2022.

 

Algo similar ocurre en el baloncesto español y europeo, aunque salvando las distancias de las grandes cifras económicas por derechos de televisión que se pagan actualmente en el mundo del fútbol. En el deporte de la canasta, la Euroliga continúa con su plan de ser esa gran liga europea que enfrente cada semana a clubes míticos como CSKA de Moscú, Real Madrid, Olimpiacos y Maccabi Tel Aviv.

 

Para ello, los clubes participantes exigen menor compromiso en las ligas nacionales y ahí viene el principal escollo entre la Federación Española de Baloncesto (FEB) y la ACB. El resultado, que todavía no se ha resuelto el problema de los ascensos y descensos para que se disputen menos partidos en temporada regular.

 

Las disputas entre la Asobal y la Rfebm han acabado, pero las negociaciones entre ACB y FEB continuarán esta temporada

 

Al mismo tiempo, igual que ocurre con la Fifa, la Fiba no cesa en su plan por aumentar los partidos de selecciones con un calendario que solapa a la Euroliga y de afianzar su propia competición de clubes en el Viejo Continente. La Basketball Champions League reparte unos cinco millones entre los clubes participantes, mientras que la Euroliga aseguró hace ya dos temporadas un mínimo de 33 millones.

 

Sin embargo, todas estas situaciones se complican cuando el deporte en cuestión no está considerado todavía profesional, como ocurre en el balonmano. En esta disciplina, finalmente la entidad con menos peso, la Asobal, ha tenido que ceder a las demandas de la Real Federación Española de Balonmano (Rfebm) para poder seguir organizando la propia competición liguera.

 

Tras varios meses de disputas, denuncias de injerencias y declaraciones que ponían en riesgo el futuro del balonmano en España, el convenio entre las dos entidades ya ha sido firmado. Y en este caso no hay ni que contar con la EHF, que desde hace años ya celebra sus partidos en fin de semana y deja a un lado las ligas nacionales.

 

 

 

 

También ocurren situaciones parecidas en deportes con no tanta tradición en España, como es el caso del rugby. Después de varios meses con desencuentros continuos entre los principales clubes de este deporte en España y la Federación Española de Rugby (FER), los equipos de División de Honor de esta disciplina en el país han fundado la Asociación de la Liga Nacional de Rugby (Alnr) para gestionar así su propia liga.

 

Aunque el tenis no es un deporte en el que se compita en torneos nacionales y bajo el paraguas de un club, las disputas no están exentas. Más allá de la creación de nuevos torneos como la Laver Cup, la pretensión por organizar una Copa Mundial de tenis está siendo una auténtica carrera para ver quién ofrece más a los propios atletas, que son quienes finalmente son libres de escoger a qué torneos presentarse.

 

La Internacional Tennis Federation (ITF) se ha unido a Gerard Piqué para que la Copa Davis asegure 20 millones de dólares en premios para los tenistas, por los 15 millones del plan de la ATP con Tennis Australia. Además, el proyecto del futbolista y la federación internacional regará con 22 millones al año a las federaciones, que en agosto deberán validar el proyecto.

 

Con un escenario donde la tendencia es cada vez más global, las competiciones nacionales deberán contar con propuestas firmes y hombres fuertes que las defiendan. Se trata de una coyuntura europea difícil de sostener en el tiempo, mientras que el deporte profesional estadounidense sigue con la sexta marcha puesta y ya empieza a arrastrar a grandes masas en todo el mundo.