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Del e-yuan al Bitcoin: los primeros pasos en el nuevo capítulo de la historia del dinero

El sector público empieza a asomarse a una realidad que las empresas llevan más de una década explotando: el dinero digital. Con la llegada de los bancos centrales, las cryptos abren un nuevo capítulo abocadas a hacerse masivas.

Del e-yuan al Bitcoin: los primeros pasos en el nuevo capítulo de la historia del dinero
A lo largo de los años han ido surgiendo otras criptomonedas, activos digitales que emplean un cifrado criptográfico para garantizar su titularidad y asegurar la integridad de las transacciones y controlar la creación de unidades adicionales.

Marta Tamayo

17 feb 2022 - 05:00

Un nuevo capítulo en la historia del dinero. Historia y mitología sitúan la creación del dinero en el siglo VII antes de Cristo en el reino de Lidia, actual Turquía, donde un rey que nadaba en la abundancia y se hacía llamar Craso el Opulento perdió una guerra a pesar de su riqueza. A la creación de la moneda digital le envuelve también un halo de leyenda: su creador, o creadoresnunca han sido desvelados. En 2008, bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto, alguien lanzó por primera vez una divisa digital, el Bitcoin, que durante los últimos catorce años ha ido ganando notoriedad.

 

A lo largo de los años han ido surgiendo otras criptomonedas, activos digitales que emplean un cifrado criptográfico para garantizar su titularidad y asegurar la integridad de las transacciones y controlar la creación de unidades adicionales. Estas monedas no existen de forma física y sus propietarios han de guardarlas en una cartera digital. Algunas funcionan como el Bitcoin, llamado oro digital, y su valor fluctúa haciéndolos objetivo de inversiones y especulaciones, aunque otras, conocidas como cripotmonedas estables o stablecoins pretenden aportar mayor seguridad.

 

Este es el caso de del Tether o Dai, que están asociados al valor de una moneda como el dólar o el euro. Aunque todas tienen algo en común, usan el blockchain para circular y surgen los de la iniciativa privada, así que, aunque un Tether valga un dólar, su política está en manos de Tether Limited, no de la Reserva Federal.

 

Una de las empresas que quiso sacar adelante su propia moneda fue Facebook, ahora Meta. La compañía liderada por Mark Zuckerberg lanzó Libra, su propia moneda virtual, que antes de operar ya había cambiado el nombre a Diem, pero finalmente y ante la preocupación de las entidades reguladoras se aparcó el proyecto.

 

 

“Las criptomonedas han alcanzado una penetración de mercado tan importante que se consideran ya una realidad innegable tanto para empresas de servicios de inversión como por los bancos centrales”, afirma Funcas en su último informe, aunque advierte que “existen numerosas dudas sobre el valor intrínseco de un número muy amplio de estos activos”.

La ofensiva de las empresas para lanzar su propia moneda digital y que grandes compañías como Meta funcionen con su propia divisa ha obligado a los estados a subirse al carro de las criptomonedas. “Las instituciones están fuera de juego”, asegura Luz Parrondo, director of the Finance, Accounting and Control Department en la Universitat Pompeu Fabra (UPF) Barcelona School of Management y directora del posgrado de Blockchain y otras DLTs (Distributed Ledger Technology).

 

Parrondo señala que los gobiernos están viendo por primera vez cómo el sector privado amenaza su soberanía monetaria. Además, las criptomonedas están captando grupos de seguidores que buscan que ninguna institución controle sus activos. “Hay dos frentes enfrentados, públicos y privados, unos que hacen mucho ruido que creen que es mejor en el lejano oeste”, asegura Parrondo.

 

China ya ha sacado adelante su moneda digital, el llamado e-yuan, que acumula cientos de miles de usuarios y millones transaccionados. El país dirigido por Xi Jinping declaró ilegales el pasado año criptomonedas volátiles como el Bitcoin o el Ethereum. Por su parte, Estados Unidos, gestora de la divisa internacional por excelencia, publicó un informe las últimas semanas alertando que las llamadas monedas digitales emitidas por bancos centrales (Cbdc, por sus siglas en inglés) pueden cambiar la estructura de sistema financiera internacional.

 

En el caso del euro, la Unión Europea (UE) está sacando adelante la regulación Mica, siglas de markets in crypto-assets. La propuesta tiene como objetivo que la legislación financiera de la UE incluya activos financieros y dinero electrónico, crear e implantar un marco regulatorio que dé seguridad jurídica a todos los participantes del mercado y garantizar la estabilidad financiera. La regulación también busca ser la base para la creación de un euro digital. “Hasta que se haga efectiva nos podemos trasladar hasta 2024”, aclara Parrondo.

 

 

El rol de los bancos centrales es salvaguardar la estabilidad monetaria y financiera para el bien público”, sañala Silvana Churruca, directora General Payment Innovation Hub, centro de innovación que promueve proyectos de investigación e I+D entorno a los medios de pago junto y que cuenta con los socios CaixaBank, Global Payments, Visa, Samsung y Arval.  “Las Cbdc son una herramienta para aprovechar las ventajas de los sistemas descentralizados pero garantizando la seguridad y la neutralidad en los pagos digitales, la inclusión financiera y el acceso a todos los actores de la sociedad”, añade Churruca.

 

“Las Cbdc tardarán años en implementarse de forma generalizada en Europa, aunque todo indica que serán una realidad”, afirma la directiva. Así lo ve también el Fondo Monetario Internacional. La pasada semana, la entidad dirigida por Kristalina Georgieva presentó un informe con el ánimo de guiar a los bancos centrales hacia una política monetaria que también incluyera las divisas digitales. Gueorguieva señaló que cada economía requerirá de un modelo personalizado, pero advirtió que debían asegurar siempre la estabilidad financiera y que, además del frente digital, debían tener en cuenta la política monetaria y prepararse para una nueva regulación y marco legal.

 

Por el momento, el FMI señala que unos cien bancos centrales están estudiando su aterrizaje en el mundo digital y apunta que las criptomonedas pueden asegurar, si se aplican “con prudencia”, más resistencia, facilitar el acceso de los ciudadanos a servicios de tipo bancario y reducir el costo de la circulación del dinero. “La historia del dinero está entrando en un nuevo capítulo”, afirmó la mandataria. Sin embargo, la siguiente etapa del dinero no parece tener una fecha aclara de despegue. “Todavía es muy pronto para los Mdbc y no sabemos muy bien hasta dónde llegarán y que velocidad”, admitió Georgieva.

 

“El diseño del sistema es complejo, ya que implica un papel operativo y de supervisión práctico para los bancos centrales y las asociaciones público-privadas para desarrollar las características principales del instrumento Cbdc”, explica Churruca.

 

Otro de los aceleradores de las divisas digitales ha sido el metaverso. “Hace diez años que hablamos del metaverso, pero, ahora, a través del blockchain podemos realizar operaciones sin intermediarios, por lo que es posible crear un ecosistema financiero en el mundo virtual”, sostiene Parrondo, que asegura que el último escalón tecnológico será el de logar una identidad soberana digital que permita al usuario identificarse, pero manteniendo el pleno control de sus datos, “es el santo grial”, admite la experta.

 

Ante este contexto, el papel del efectivo queda entredicho. “Hay que vigilar que ningún grupo social quede excluido”, asegura Juan Carlos Gázquez Abad, profesor colaborador de estudios de Economía y Empresas de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), quien declara que la imposición de tipos de pago digitales se puede encontrar con la desconfianza por parte de la sociedad. Parrondo, por el contrario, afirma que las monedas acabarán despareciendo y tocará adaptarse. Según un informe de Deloitte, el uso de las divisas digitales será bastante masivo entre 2025 y 2027 y el mundo tendrá que adaptarse.