Entorno

De Múnich a Barcelona: unos Juegos Olímpicos para transformar la ciudad

Los Juegos Olímpicos han tenido un impacto significativo en la planificación y el desarrollo urbanístico de la mayoría de las ciudades anfitrionas: desde infraestructuras deportivas hasta mejoras en el transporte y la movilidad.

De Múnich a Barcelona: unos Juegos Olímpicos para transformar la ciudad
De Múnich a Barcelona: unos Juegos Olímpicos para transformar la ciudad
Los primeros Juegos Olímpicos con un impacto urbanístico evidente fueron los de Berlín 1936.

David García Martínez

20 jun 2024 - 05:00

Escuadra y cartabón para la cita olímpica. Los Juegos Olímpicos trascienden al deporte; son catalizadores de turismo y su impacto económico en las ciudades es millonario. Además, la cita olímpica cuenta con otro gran poder: la transformación urbanística, tal y como pasó en sedes como Múnich o en Barcelona.

 

La organización de un evento de tal magnitud se ha convertido con el paso de los años en un impulso para que varias ciudades se reconstruyan, se renueven y apliquen tecnologías en el ámbito urbano. Los Juegos Olímpicos han dejado a su paso nuevas infraestructuras deportivas, pero también mejoras en el transporte y la movilidad, nuevas viviendas o áreas verdes.

 

Según el estudio Las transformaciones urbanas a raíz de la celebración de unos Juegos Olímpicos, elaborado por el Centre d’Estudis Olímpics de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), “la magnitud de inversión urbana necesaria para celebrar los Juegos Olímpicos ha aumentado a medida que ha crecido también el número de deportes y atletas, el interés de los medios de comunicación internacionales y el nivel de patrocinio comercial”.

 

El informe separa cuatro grandes fases: la primera comprende los Juegos Olímpicos celebrados entre 1896 y 1904; la segunda, entre 1908 y 1932; la tercera, entre 1936 y 1956, y la cuarta, entre 1960 y 2002. Fue a partir de la tercera cuando la cita olímpica ya era considerada un evento de gran escala, bien organizados y con la construcción de instalaciones deportivas con cierto impacto en la infraestructura urbana.

 

Un claro ejemplo es el de Berlín 1936, preludio de la II Guerra Mundial. La cita olímpica fue utilizada por el régimen nazi como propaganda y se realizaron grandes esfuerzos para embellecer la ciudad, construyendo nuevos edificios y mejorando el paisaje urbano en áreas como Westend, Charlottenburg-Wilmersdorf y el centro de Berlín.

 

 

 

 

Además, se construyó el Estadio Olímpico de Berlín, una instalación con capacidad para 100.000 espectadores, que actualmente sigue albergando los partidos de Hertha de Berlín, así como la final de la DFB-Pokal, entre otros eventos deportivos. Más allá del estadio, el área incluyó instalaciones deportivas adicionales como la piscina olímpica, el Maifeld (un gran campo para eventos al aire libre) y el Waldbühne, un anfiteatro al aire libre.

 

Los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 también sirvieron para transformar la ciudad del sur de Alemania. La cita olímpica representó una oportunidad para recuperar a corto plazo (en cinco años) una zona abandonada de 280 hectáreas, cuya rehabilitación se había planificado para llevarse a cabo en veinte años.

 

En ese caso, la ciudad aprovechó el evento para mejorar su red de transporte, modernizando las líneas de S-Bahn y U-Bahn (los trenes suburbanos y metro). Además, la alta afluencia a los Juegos Olímpicos hizo que el Gobierno planificase la ampliación del aeropuerto. A estos cambios se suma la regeneración urbana de varias zonas y la Villa Olímpica, que posteriormente se transformó en un área residencial. Sin embargo, la joya de la corona fue la construcción del Parque Olímpico (Olympiapark), que transformó el área de Oberwiesenfeld, incluyendo grandes zonas ajardinadas que son hoy en día un pulmón para Múnich.

 

En Asia, la transformación durante la década de 1960 y 1980, con la celebración de los Juegos Olímpicos de Tokio (1964) y de Seúl (1988), se centró en la construcción de infraestructuras de transporte. En concreto, el mayor proyecto urbanístico para la cita japonesa fue la construcción de 22 autopistas y dos líneas de metro, mientras que el evento de Corea del Sur derivó en la construcción de tres líneas de metro, 47 extensiones de líneas de autobús y la ampliación del aeropuerto internacional.

 

Durante ambos Juegos Olímpicos se mejoraron las infraestructuras de la red de agua y de gestión de residuos. En la cita de 1964, además, se implantaron mejoras en los estándares de higiene y salud pública.

 

 

 

 

Por su parte, los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 marcaron un antes y un después en la transformación urbanística de la capital china. Con una inversión millonaria, la ciudad experimentó una metamorfosis que la catapultó a la modernidad, con la construcción del Estadio Nacional, conocido como el Nido de Pájaro, y el Centro Acuático Nacional. Estas estructuras no solo se convirtieron en símbolos arquitectónicos de Pekín, sino que también impulsaron el turismo y revitalizaron áreas adyacentes.

 

El impacto no se limitó a la infraestructura deportiva, sino que Pekín llevó a cabo una extensa campaña de renovación urbana, que incluyó la demolición de antiguos barrios y la reubicación de miles de residentes.

 

Londres también experimentó un gran cambio gracias a la celebración de los Juegos Olímpicos en 2012. La ciudad inglesa construyó en una zona industrial de Stratford el Parque Olímpico Queen Elizabeth, en el que se ubican el Estadio Olímpico, el Centro Acuático y el Velódromo.

 

La renovación de Stratford y sus alrededores incluyó la creación de nuevas viviendas, la mejora de las infraestructuras de transporte y el desarrollo de centros comerciales y de ocio. La Villa Olímpica se reconvirtió en un complejo de viviendas asequibles y de mercado, atendiendo a las necesidades de la creciente población de la ciudad.

 

 

 

 

Sin embargo, la ciudad que mayor transformación sufrió debido a la celebración de unos Juegos Olímpicos fue Barcelona, que en 1992 experimentó un antes y un después en su distribución urbanística. “Las transformaciones realizadas en la ciudad para los Juegos Olímpicos se han presentado como modelo para otras ciudades que desean iniciar esquemas de revitalización a gran escala”, destaca el estudio de la UAB.

 

En este caso, las instalaciones olímpicas se construyeron en tres ubicaciones principales de la ciudad: Montjuïc, Vall d’Hebron y Parc del Mar, siendo esta última la que mayor transformación supuso para la ciudad.

 

En el caso de Montjuïc, las instalaciones ya existentes, como el Estadi Olímpic Lluís Companys, fueron rehabilitadas para la ocasión. En la zona norte de la ciudad (Vall d’Hebrón), se construyeron varias instalaciones deportivas, como el Complejo Deportivo Municipal (CDM) Vall d’Hebron y el de Tiro con Arco, así como las pistas de ciclismo en Horta.

 

La tercera y más espectacular transformación se produjo en el Parc de Mar, donde un área industrial en decadencia se convirtió en la Villa Olímpica y en espacio público. El desarrollo creó una continuación del distrito del Eixample y abrió la ciudad a 5,2 kilómetros de playa. Esta área representa uno de los principales símbolos de la transformación olímpica de Barcelona. 

 

 

Del 26 de julio al 11 de agosto, la capital francesa será sede de los trigésimo terceros Juegos Olímpicos. Estos serán los terceros Juegos Olímpicos de verano que se disputan en Francia, que se suman a los otros tres de invierno.

 

La ciudad tiene en marcha varios proyectos urbanísticos: desde la limpieza del río Sena hasta convertir la Torre Eiffel en un pulmón, con la reconversión del puente d’Ilénia en un paseo peatonal, pasando por abrir un restaurante en la estación de metro abandonada de Croix Rouge o hacer un bosque vertical en Montparnasse.

 

París también contará con una Vila Olímpica en el distrito de Sena-Saint Denis, que será un ejemplo de arquitectura sostenible, capaz de alojar a 15.000 deportistas, y con una granja urbanita de 72.000 metros cuadrados.