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Agenda 2020: la hoja de ruta ¿truncada? del COI para volver a dar ejemplo

Igualdad de género en las competiciones, transparencias, buen gobierno y lucha contra el dopaje son los pilares en los que se apoya la estrategia del Comité Olímpico Internacional para volver a tener crédito entre la sociedad.

Patricia López

24 abr 2020 - 04:58

Las dos Coreas desfilando juntas en la ceremonia de apertura de Pyeongchang’18 es uno de los hitos del Movimiento Olímpico

Amateurismo, medallas y el sueño de la recompensa tras cuatro años de sacrificio. Pero también negocio, y cada vez más. Los Juegos Olímpicos llegan a Tokio en 2020 y Palco23 repasa todas las claves para entender el modelo de uno de los mayores acontecimientos deportivos a nivel global.

 

 

El Movimiento Olímpico decidió dar un giro a su plan estratégico en 2014. El mundo se recuperaba, pero los gestores del movimiento se encontraban en plena crisis económica y de credibilidad por los escándalos de dopaje y corrupción que golpeaban al deporte. Entonces, se presentó la Agenda 2020, una nueva hoja de ruta con 40 propuestas en las que el buen gobierno protagonizaba uno de los ejes centrales. Era el último intento para volver a los orígenes y situar los Juegos como un elemento de transformación y no una losa social.

 

Uno de los objetivos era “adaptar y fortalecer aún más los principios de la buena gobernanza y la ética a las demandas cambiantes”, explicó el COI durante la presentación del informe. En el horizonte, el deseo de volver a dar ejemplo a la sociedad y el convencimiento de que el olímpicos debe jugar conforme a los valores olímpicos de amistad, respeto, excelencia y juego limpio.

 

“En el mundo actual la gente quiere saber más sobre la sostenibilidad de los Juegos Olímpicos, sobre nuestra gobernanza y sobre si estamos a la altura de nuestros valores y nuestra responsabilidad social; exige más transparencia, participación y mayores estándares de integridad”, explicó Thomas Bach, presidente del COI, durante su discurso de presentación de esta nueva hoja de ruta.

 

 

 

 

Pero, ¿en qué se ha traducido esta voluntad? El mayor ejemplo se remonta a 2018, durante los Juegos Olímpicos de Invierno en Pyeongchang. El deporte logró poner paz entre las dos Coreas, que desfilaron juntas en la ceremonia de apertura y compitieron de manera unificada en algunas disciplinas. Fue un hito que no se redujo a una foto que fue portada en los periódicos internacionales, y que más tarde se ha materializado en la voluntad de ambos países, enfrentados desde 1950, de presentar candidatura conjunta para los Juegos Olímpicos de 2032.

 

Son numerosas las alusiones del COI a Nelson Mandela y a la célebre frase “el deporte tiene el poder de cambiar el mundo”, y en esa senda está el organismo. Desde 2014, la entidad ha puesto en manos del consejo, y no del comité ejecutivo, la elección de los miembros de la comisión de ética, que fue la encargada de redactar las nuevas normas en línea con la Agenda 2020. También se creó la figura del compliance officer para garantizar el cumplimiento ético del organismo.

 

De los catorce grupos de trabajo que se crearon para garantizar el cumplimiento de las cuarenta recomendaciones de Agenda 2020, el 42% se dedican a dejar un impacto positivo en la sociedad. Ello incluye la sostenibilidad y el legado; definir un programa olímpico que respete la igualdad de género; proteger a los atletas del dopaje; la buena gobernanza; la ética, y la estrategia vinculada al público juvenil, que abarca desde conectar con los nuevos públicos hasta “extender los valores olímpicos basados en la educación” con el apoyo de Unesco.

 

Uno de los hitos que queda por cumplir es el de conseguir que el 50% de los participantes en los Juegos Olímpicos sean mujeres, un porcentaje que en Río’16 fue del 45% y que se esperaba alcanzar en Tokio2020. En Atlanta’96 el porcentaje fue del 34%, por lo que la dinámica es ascendente.

 

 

 


En cuanto a las políticas antidoping, el COI definió que era una de sus prioridades. En 2018 anunció la creación de la Agencia Internacional Antidopaje para garantizar el deporte limpio con independencia de las entidades antidopaje de cada país. Fue un paso adelante después de que trascendiera el dopaje de estado de Rusia, lo que llevó a la entidad presidida por Thomas Bach a prohibir la participación de la delegación rusa en Pyeongchang’18.

 

Eso sí, sus atletas podrían participar sin representar a su país y bajo la bandera olímpica, tras suspender al Comité Olímpico Ruso. Con todo, en 2018 el COI levantó el veto a Rusia y la readmitió como miembro de pleno derecho, aunque a finales de 2019, la entidad que destapó el dopaje de estado, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), sancionó al país sin participar en competiciones internacionales hasta 2023.

 

El último gesto que ha tenido COI a favor del deporte limpio ha sido el anuncio de 10 millones de dólares para activar un plan de acción que endurezca las sanciones a atletas dopados e impide el consumo de sustancias que mejoren el rendimiento atlético. Es una acción en línea con la que emprendió en 2013, cuando anunció una inversión de 20 millones de dólares, diez para políticas antidopaje y diez millones más para luchar contra el amaño de partidos.

 

Asimismo, la Agenda 2020 aclaró que los miembros del COI son voluntarios y, en un ejercicio de transparencia, afirmó que asumirá los gastos administrativos, de viajes y alojamiento.

Estos contemplan 400 dólares diarios a quienes se desplazan a los Juegos Olímpicos o para participar en alguna comisión, un pago único de 2.000 dólares para asistir a alguna reunión de la junta ejecutiva. El importe asciende a 6.000 dólares anuales para aquellos que pasen costes administrativos.