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‘Show must go on’: las cinco grandes ligas de EEUU se juegan 20.000 millones por el ‘lockdown’

Los ingresos procedentes de los estadios representan entre el 30% y el 40% del total para NFL, NBA, MLB, NHL y MLS. En el escenario más pesimista, en el que no se pudiera jugar con público en 2020-2021, las cinco grandes arriesgarían más de un tercio de sus negocios.

27 May 2020 — 05:00
Álvaro Carretero
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‘Show must go on’: las cinco grandes ligas de EEUU se juegan 20.000 millones por el ‘lockdown’

 

 

La crisis del coronavirus ha ocasionado pérdidas irrecuperables para la industria del deporte, a pesar de la reanudación de las competiciones. A las incertidumbres en el plazo más inmediato se añaden las de la próxima temporada, en especial la posibilidad de jugar total o parcialmente a puerta cerrada. En el peor de los escenarios, las cinco grandes ligas norteamericanas (NFL, NBA, MLB, NHL y MLS) dejarían de ingresar alrededor de 20.000 millones de dólares por la recaudación procedente de los estadios, más de un tercio de la facturación total.

 

En esta partida se incluyen tanto la venta de entradas y abonos, el aparcamiento, la venta de merchandising, la oferta de restauración de los pabellones y hasta una parte proporcional de los ingresos de otros eventos de ocio, como conciertos. Si bien no es la partida mayoritaria dentro de los ingresos totales de cada propiedad deportiva, su aportación fluctúa entre el 40% que reporta, aproximadamente, a NBA y NFL, y el 30% que supone para la liga de béisbol (MLB).

 

La NBA, por ejemplo, prevé retomar su actividad en julio y su próxima temporada no arrancará, como mínimo, hasta diciembre, en lugar de hacerlo en octubre. De esta forma no sólo garantizará un período de descanso deportivo, sino también ganar tiempo para reevaluar la situación en aspectos como la posibilidad de jugar con público. Para la liga de baloncesto los ingresos derivados de los estadios representan casi el 40% del total, según expuso el comisionado Adam Silver, en la última reunión con los propietarios de las franquicias.

 

 

 

 

La facturación total de las competiciones norteamericanas no es pública, pero según las últimas estimaciones de Forbes, las franquicias de la NBA cerraron la temporada 2018-2019 con unos ingresos agregados de 8.760 millones de dólares. Es decir, que una temporada en blanco en cuanto a asistencia implicaría que la liga dejaría de ingresar cerca de 3.500 millones de dólares.

 

La competición que más dinero perdería, sin embargo, sería la NFL, que es además la que más riesgo tiene de empezar la temporada sin público. A diferencia de NBA y NHL, que estaban en mitad de su año competitivo, y de MLB, que arrancaba en marzo, la liga de fútbol americano pudo disputar la Superbowl y, de paso, alcanzar un acuerdo con los jugadores para renovar el convenio colectivo justo antes de la irrupción de la pandemia.

 

Con el convenio atado y la temporada acabada, el gran reto ahora es reestructurar la próxima temporada. Por ahora, se han cancelado los partidos que se juegan en Londres y México y, al no poder dilatar su comienzo, como harán NBA y MLB, se enfrenta a un escenario incierto en lo referente al ticketing. La recaudación de los estadios equivale al 38% de sus ingresos totales, que en 2018-2019 se situaron en torno a los 16.000 millones de dólares, según Forbes. Es decir, que un año sin espectadores supondría que la NFL dejaría de ingresar más de 5.500 millones.

 

 

 

 

Aun así Troy Vicent, vicepresidente de operaciones de la liga, aseguró ayer a The Team 980 que el único plan que contempla la NFL es jugar con público: “Hay que recordar que estamos hablando de agosto y septiembre, así que puede pasar cualquier cosa”. “Sabemos que hay planes para tener la mitad del aforo e incluso tres cuartos y, evidentemente, hemos previsto diferentes escenarios, pero el prioritario es un lleno total, abierto a ajustes”, ha añadido.

 

NFL y NBA son las que más se juegan en este sentido. Para la MLB, que tiene una mayor dependencia del contrato televisivo que el resto de ligas, la aportación de los estadios disminuye hasta el 30% de sus ingresos totales, que en 2018-2019 se situaron en 10.700 millones de dólares. Pese a que su facturación total es superior a la de la NBA, jugar sin público supondría perder cerca de 3.300 millones en 2021, una cuantía menor que en la competición de baloncesto.

 

Lejos de estas tres se sitúa la NHL, cuyos ingresos totales en 2018-2019 fueron de 5.000 millones de dólares y, aún varios peldaños por debajo, la MLS, que entre sus 23 clubes rebasaron por primera vez los 800 millones esa temporada. La liga de hockey aún está pendiente sobre la posibilidad de volver a jugar este año y, de disputar sus partidos a puerta cerrada la próxima campaña, dejaría de ingresar cerca de 1.750 millones de dólares.

 

 

 

 

Ahora bien, la pérdida de estos ingresos no sólo la asumirán los propietarios de las franquicias y la liga, sino que afectará directamente a los salarios de los jugadores. La WNBA, que al igual que la MLB iba a arrancar su temporada en marzo, ha aprobado una medida excepcional y cada equipo deberá cortar a dos jugadoras para ajustarse al nuevo límite salarial, en el que se ha descontado los ingresos procedentes de los pabellones.

 

Es la medida más drástica de ajuste en términos de plantilla, pero también la única solución a la que pueden acogerse las grandes ligas para esquivar el golpe. El deporte estadounidense se rige por la firma de convenios colectivos entre propiedades deportivas y sindicatos de jugadores. En estos documentos se articula, entre otras cosas, el porcentaje económico que reciben los deportistas y el de los propietarios de los equipos en base a los ingresos totales.  

 

Una caída generalizada de los ingresos implicaría que el techo de gasto de las franquicias disminuiría drásticamente. En la NBA, por ejemplo, trabajan a contrarreloj para encontrar soluciones que den margen de maniobra a los equipos, pues según las actuales proyecciones casi ningún equipo podría ajustarse al límite salarial las dos próximas temporadas.

 

De no acabar la actual campaña, como ha sido el caso de la Ncaa, el deporte estadounidense ponía en riesgo 12.000 millones de dólares, según Espn. Aquí no sólo se incluían los ingresos de los estadios, sino también los contratos televisivos y de patrocinio, entre otros, que en los últimos años han elevado el valor de la industria deportiva en Estados Unidos hasta rebasar la barrera de los 100.000 millones de dólares.

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