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¿Qué fue de la Superliga? Un año del proyecto que quería cambiar el fútbol y murió en horas

La competición impulsada de forma secreta por algunos de los clubes más económicamente poderosos de Europa se encuentra inmerso en procesos judiciales con organismos futbolísticos como la Uefa o la Fifa.                 

¿Qué fue de la Superliga? Un año del proyecto que quería cambiar el fútbol y murió en horas
La nueva competición aspiraba a generar más de 4.000 millones de euros por temporada gracias a los derechos de patrocinio y retransmisiones globales

A. Ferrer

18 abr 2022 - 05:00

Un año del gran cataclismo en el seno del fútbol europeo. Después de años de especulaciones sobre la creación de una nueva competición europea llamada a sustituir la Champions League, el 18 de abril se anunció el nacimiento de la Superliga europea. Su objetivo, según el comunicado conjunto preparado entonces, era salvar el negocio del fútbol tras el Covid-19 y una crisis estructural que iba a conducir a una progresiva pérdida de aficionados.

 

A pesar de que el proyecto ha quedado en stand by, al contar con una estructura jurídica sólida, la sociedad European Superleague Company (con sede en Madrid) lleva meses inmerso en procesos judiciales con organismos como la Unión de Federaciones Europeas (Uefa) o la Fifa.

 

El juzgado del caso confirmó hace apenas unos días las medidas cautelares acordadas (que implican que los clubes no pueden ser expulsados de los campeonatos en el cual compiten actualmente) y les citó a declarar el próximo 14 de junio. La vista previa tendrá como objetivo intentar un acuerdo o transacción que ponga fin al proceso judicial.

 

Como consecuencia de las dificultades por las que ha atravesado el proyecto desde su puesta en marcha, los equipos que siguen en ella elaboraron un nuevo borrador en el que se contemplaba la posibilidad de llevar a cabo la competición sin ningún tipo de privilegios, al contrario de lo que se pretendía hacer de forma inicial.

 

Por ello, la competición no contaría con miembros permanentes y estaría abierta a todos los clubes con el objetivo de “contentar a los aficionados contrarios a la Superliga”, abandonando así su razón de ser, es decir, la creación de una competición selecta para los clubes de Europa con mayor potencial deportivo y recursos económicos. 

 

El proyecto pasaba por crear una competición con los 15 mejores clubes del continente (en calidad de clubes fundadores), con una plaza asegurada en la Superliga, y cinco clubes sin plaza garantizada, que se clasificarían según su rendimiento en la anterior temporada. La nueva competición aspiraba a generar más de 4.000 millones de euros por temporada gracias a los derechos de patrocinio y retransmisiones globales. La cifra más que duplicaba los 1.950 millones de euros que actualmente la Uefa reparte entre los clubes participantes en la Champions League.

 

 

 

 

Todo parecía atado y bien atado, hasta que, apenas unas horas después de publicar un comunicado conjunto los clubes que formaban parte de ella (Real Madrid, FC Barcelona y Atlético de Madrid, seis de la Premier League, Liverpool FC, Manchester City, Manchester United, Arsenal FC, Chelsea y Tottenham Hotspur, y otros tres de la Serie A, AC Milan, Inter de Milán y Juventus) se dio la vuelta la tortilla.

 

Todos los estamentos de poder del fútbol en Europa, desde las ligas nacionales a la Uefa, pasando por deportistas, entrenadores y presidentes de clubes y hasta políticos de la importancia de Boris Johnson, premier británico, entonaron un grito de guerra contra un proyecto que, aseguraban, rompía la meritocracia del fútbol.

 

La presión de los hinchas a los dueños de los clubes, juntamente con la invasión de Old Trafford por parte de una multitud de aficionados del Manchester United como protesta a la unión del equipo al proyecto, tuvo como consecuencia la marcha atrás y la posterior desvinculación del proyecto por parte de Arsenal, Chelsea, Liverpool, Manchester City, Manchester United y Tottenham Hotspur apenas 48 horas después de anunciar su adhesión a la Superliga.

 

 

 

 

Días más tarde, Atlético de Madrid, Inter de Milán y AC Milán también descartaron seguir adelante con la Superliga, dejando únicamente a Real Madrid, FC Barcelona y Juventus de Turín como únicos integrantes, que aún mantienen reuniones eventuales para ver de qué forma reflotar el proyecto.

 

La última de las organizaciones en posicionarse en contra de la Superliga además del Gobierno, LaLiga, el Gobierno italiano o la liga danesa fue el Parlamento Europeo, con una postura de rechazo hacia una política deportiva que incluyese “competiciones rupturistas” contrarias a los principios de la libre competencia y el mérito deportivo, como era a su juicio, la Superliga europea.