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Legado, territorio y sostenibilidad: Tokio 2020 como punto y aparte de la agenda olímpica

El COI ha cambiado los criterios de adjudicación de los Juegos para adaptarlos a los nuevos tiempos y evitar que haya instalaciones que caigan en desuso. Si bien hace años el proyecto de ciudad ganaba enteros, ahora se premian las candidaturas conjuntas.

27 Mar 2020 — 04:59
P. López
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Amateurismo, medallas y el sueño de la recompensa tras cuatro años de sacrificio. Pero también negocio, y cada vez más. Los Juegos Olímpicos llegan a Tokio en 2020 y Palco23 repasa todas las claves para entender el modelo de uno de los mayores acontecimientos deportivos a nivel global.

 

 

8 de diciembre de 2014. El Comité Olímpico Internacional (COI) aprueba en Mónaco la Agenda 2020, una “nueva norma” que guía los pasos del olimpismo para adaptarse a los nuevos tiempos, atraer a más públicos y ganar relevancia en una sociedad cambiante. Y todo ello, durante el proceso de recuperación económica y crisis de confianza en el deporte mundial por los casos de corrupción y dopaje. El protector del movimiento olímpico decidió entonces presentar cuarenta recomendaciones, de las cuales trece se centran en el mayor evento deportivo del mundo y los renovados criterios de adjudicación de la cita. El objetivo es que Tokio 2020, ahora 2021, sea el punto y a parte con los claroscuros del pasado.

 

“Hasta ese momento las potenciales sedes debían hacer una gran inversión en infraestructura olímpica; con la Agenda 2020, eso se ha convertido en cero”, explicaba Juan Antonio Samaranch, vicepresidente del COI, en una entrevista con Palco23. La nueva norma ha revolucionado los aspectos que el organismo tiene en cuenta a la hora de asignar una sede olímpica, con el objetivo prioritario de que todo proyecto deje un legado a largo plazo y se reduzcan al mínimo las instalaciones que caen en desuso.

 

La sostenibilidad ha pasado a ser un criterio prioritario, en sustitución de los proyectos faraónicos y boyantes que caracterizaron a Atenas’04 y Rio’16. Y eso, por paradójico que parezca, es uno de los desafíos que ahora debe resolver Tokio 2020, que había comprometido los pisos de la villa olímpica a nuevos inquilinos tras los Juegos y que tenía la intención de alquilar diversas instalaciones deportivas que podrían no estar disponibles en 2021.

 

 

 

 

“No vamos a permitir es que un país o una ciudad construyan algo para nosotros que no tenga uso después; ahora estamos muy concentrados en hacer que los Juegos se adapten a las ciudades, y no al revés”, afirmó Samaranch. ¿En qué se traduce este objetivo? En un ahorro de 1.000 millones de dólares (923 millones de euros) en la organización de los JJOO y Paralímpicos, y de 500 millones de dólares (461,5 millones de euros) a las ciudades que alberguen los Juegos de invierno. El presupuesto de Tokio2020 está de 12.300 millones de dólares (11.353 millones de euros), una cifra que ha tenido varios ajustes a la baja durante los últimos años.

 

De este modo, se busca ampliar el número de ciudades elegibles para ser sede de los Juegos, en un momento en que cada vez se alzan más voces contrarias a no organizar la cita por el elevado coste que implica. De ahí que la palabra sostenibilidad haya sido una de las más repetidas en los últimos años por parte de los miembros del COI.

 

En este sentido, han ganado enteros las propuestas de ciudades que cuentan con un amplio parque de instalaciones ya construidas, y que se apoyan en complejos temporales para cubrir aquellos deportes que no precisan de sede permanente. Por ejemplo, el COI justificó su elección de París’24 explicando que el 93% de las infraestructuras necesarias ya están construidas o serán temporales. En el caso de Los Ángeles’28, a diez años para celebrar los Juegos, este porcentaje es del 97%.

 

 

 

 

El COI ha dejado claro que no quiere renunciar a Villa Olímpica, considerada “el corazón de los Juegos”, pero ya no obliga a las candidaturas a construir un complejo de cero si no es necesario. En Los Ángeles, la residencia de deportistas será la Universidad de Ucla, que se encuentra a menos de treinta minutos de 23 de las 31 sedes donde se celebrarán las pruebas olímpicas.

 

Junto al legado y la sostenibilidad económica, una de las últimas bazas que pueden jugar las ciudades es la posibilidad de hacer candidaturas conjuntas, algo que antes el COI no valoraba y que ahora no sólo permite, sino también premia. El ejemplo es Milán, que fue la primera beneficiada al hacerse con los Juegos de Invierno de 2026 con una candidatura que incluía el apoyo de ciudades próximas como Cortina, Bormio y Livigno. “Una de las bazas de Pirineus-Barcelona es que cuenta con Proyecto de territorio, no de ciudad”, explicó Samaranch el pasado febrero en la capital catalana.

 

 

 

 

Otro de los criterios vitales para que el COI adjudique la sede olímpica a un país es la propuesta cuente con el apoyo de la sociedad. Los ciudadanos de la región austriaca del Tirol y la ciudad canadiense de Calgary organizaron referéndums en los que la población votó en contra y tumbó las potenciales candidaturas, y el COI no quiere sufrir más desplantes que afectan a esa imagen de motor de transformación social que quiere vender.

 

“Si quieres organizar unos Juegos, antes de que te tomemos en consideración debes celebrar un referéndum que demuestre que los habitantes de tu ciudad los quieren de verdad”, comentó John Coates, presidente del grupo de trabajo que ha formado el COI para reformar el proceso de elección de las sedes de los Juegos Olímpicos.

 

La sostenibilidad medioambiental también da puntos para adjudicarse unos Juegos. Fue buen recibido por parte del COI que, en Londres’12, el 98% de los materiales que se generaron por las demoliciones de edificios fueran reciclados, y que se diseñara un plan a diez años para crear un hábitat de 45 hectáreas para estimular la biodiversidad. Además, el 62% del material desperdiciados durante los Juegos se recicló, según el COI.

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