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El baloncesto en España, menos ‘made in Spain’: un nacional por cada dos extranjeros y el 16,5% de minutos

España es el segundo país que más jugadores exporta al extranjero, con 480 baloncestistas, pero también es el que más importa, con 831 atletas que, además, disputan el 83,5% de los minutos y anotan el 76,2% de los puntos.

18 Oct 2019 — 04:59
Álvaro Carretero
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España es el segundo país que más jugadores exporta al extranjero, con 480 baloncestistas, pero también es el que más importa, con 831 atletas que, además, disputan el 83,5% de los minutos y anotan el 76,2% de los puntos.

 

 

Hace menos de un mes que España volvió a situarse en la cima del baloncesto mundial. De los doce seleccionados por Sergio Scariolo, ocho compiten en la ACB. La presencia de los jugadores españoles en las ligas del país, sin embargo, cada vez es menor y en 2018-2019 fue del 28,2%. Es decir, por cada baloncestista nacional, hay dos extranjeros, una situación aún más agudizada entre los sub-21, que apenas representaron al 13% del total.

 

En total, se registraron 8.690 transfers durante la última temporada, una cantidad similar a la del año anterior, según el informe International Basketball Migration Report elaborado por la Fiba y el Centro Internacional de Estudios del Deporte (Cies). “Se trata de un estudio que juega un papel fundamental para comprender y analizar el baloncesto”, destaca Andreas Zagklis, secretario general de la federación internacional.

 

El documento, sin embargo, no incluye a los jugadores menores de 18 años, omitiendo una parte cada vez más importante del baloncesto. Al no haber normas que prohíban estos traspasos como en el fútbol, los clubes tratan de captar a los jóvenes talentos mientras aún son adolescentes, como hizo el Real Madrid en su día con Usman Garuba y Luka Doncic. O como han hecho otros deportistas que cruzan el Atlántico para enrolarse en los sistemas académicos estadounidenses desde el instituto, como hicieran jugadores como Sebas Saiz y Francis Alonso. 

 

 

 

 

Aun sin contar el tránsito entre los jugadores menores de edad, España se sitúa con el peor balance entre los jugadores que llegan al país y los que se marchan al extranjero. En 2018-2019 fue el territorio que más deportistas atrajo a sus ligas, desde la ACB hasta la EBA, pasando por la Liga Femenina Endesa, con 831 baloncestistas, y el segundo que más exportó por detrás de Estados Unidos, ya que hasta 480 atletas hicieron las maletas a otras competiciones.

 

Este flujo de atletas, prolongado durante la última década y media, ha provocado que la presencia del jugador nacional se haya reducido a la mitad desde principios de los 2000. De hecho, entre los países con las ligas de baloncesto más fuertes, donde se encuentran Grecia, Turquía, Rusia, Italia y los países balcánicos, España siempre ha sido el que menor proporción de baloncestistas locales ha tenido. Esto se debe a las políticas más o menos restrictivas de cada liga respecto a los extranjeros.

 

Equipos como Morabanc Andorra no contaron con un solo jugador español en sus filas y optaron por otros como David Jelinek y Moussa Diagne, con pasaporte nacional al considerar que han sido formados en clubes españoles. El Baskonia sólo contó con Ilimane Diop, mientras que otros como el Montakit Fuenlabrada, que sí tuvo un mayor número de deportistas nacidos en España en sus filas, están entre los que menos minutos disputaron en 2018-2019. 

 

 

 

 

Esta situación ha provocado que la LEB apruebe las primeras medidas para proteger al jugador español en las categorías LEB Plata y EBA. Por ahora, se obligará a todos los clubes a tener, al menos, a un deportista nacional siempre sobre la cancha para favorecer su desarrollo. Aunque aquí sólo se está aplicando en las ligas semiprofesionales, es un modelo que sigue la estela de competiciones como la liga china o la VTB rusa, que siempre han optado por este formato.

 

La ACB, por su parte, hace más de una década que aprobó la normativa de tener únicamente dos jugadores estadounidenses por equipo, aunque recientemente cambió la regulación para que los jugadores menores de 21 años que se hayan formado durante tres años en España cuenten como cupo nacional. A este factor se añade la comercialización de los pasaportes europeos, ya que gran parte de los deportistas latinoamericanos y norteamericanos tratan de obtener una segunda nacionalidad para poder ser inscritos en la Liga Endesa.

 

"Lo primero que debemos modificar es la regulación de los cupos de formación, ya que tenemos la más permisiva de Europa", asegura Alfonso Reyes, presidente de la Asociación de Baloncesto Profesional (ABP). El ejecutivo también considera que los éxitos de la Selección, tanto masculina y femenina en todas las categorías, enmascara en cierta forma las carencias en las ligas inferiores. "No todo son los éxitos, no hay un relevo en la clase media; lo que no queremos es empezar a pagar esta factura en los próximos años y aunque algunas medidas empiezan a ir por el buen camino, aún no hay una apuesta clara ni unitaria", indica. 

 

El jugador extranjero disputó el 83,5% de los minutos y anotó el 76,2% de los puntos en la última temporada. En otras palabras, un predominio casi absoluto. El jugador sub-21, por el contrario, sólo disputó 4,8 minutos de media. Otros como Santi Aldama, MVP del Europeo Sub-18, han optado por jugar en la Ncaa en lugar de buscar un hueco en el baloncesto español, como sí han hecho Carlos Alocén, cedido por el Real Madrid al Casademont Zaragoza, y Sergi García, cedido este año por el Valencia Basket al Rasta Vechta alemán. 

 

 

 

 

Otra de las tendencias que destaca dentro del informe de la Fiba es la menor migración hacia Estados Unidos. Durante la pasada temporada hubo menos jugadores internacionales que nunca tratando de buscar un contrato en la NBA durante la Summer League, las ligas de entrenamiento que se disputan entre junio y agosto. Por tercer año consecutivo, ha caído el número de jugadores que llegan a la liga estadounidense, que al término de 2018-2019 se situaron en 137 atletas, que representan el 31,5% de todos los que llegan al país.

 

La tendencia es similar tanto en la WNBA como en la G-League, que también arrastran tres temporadas consecutivas contrayendo el volumen de transfers. En ambos casos, supone un frenazo a los esfuerzos de relanzamiento que había tratado de realizar la NBA durante el último año y medio. La liga de desarrollo aprobó recientemente una nueva normativa para poder fichar a jugadores de instituto que no quisieran pasar por la Ncaa, mientras que el torneo femenino se enfrenta a un año en el que deberá decidir el futuro de su negocio.

 

En lo que Estados Unidos no ha cedido el liderazgo ha sido en la exportación de jugadores. Hasta 1.861 baloncestistas salieron en dirección a otras ligas extranjeras en 2018-2019, un 11,8% más que la temporada anterior. En total, representan al 77,3% de los profesionales de este deporte en el país; es decir, sólo una pequeña élite llega a alcanzar la NBA, la WNBA, la G-League u otras competiciones semiprofesionales.

 

 

 

 

Sin embargo, en las últimas temporadas los principales clubes han optado por traer americanos que ya han hecho carrera en Europa, como Jordan Mickey (Real Madrid), Cory Higgins y Brandon Davis (FC Barcelona). "Este tipo de jugadores también son fundamentales porque ayudan a subir el nivel, sobre todo si generan identificación con el aficionado, la cultura y la liga", señala Reyes. Otros como Herbalife Gran Canaria y Monbús Obradoiro han arriesgado con jóvenes talentos procedentes de la Ncaa que no han sido elegidos para jugar en la NBA. 

 

A nivel europeo, equipos como el Bayern de Múnich, el CSKA o el Efes Pielsen han aprovechado para traer jugadores como Greg Monroe, Ron Baker y Shane Larkin, que también se han quedado sin un hueco en las plantillas de la liga norteamericana debido a la mayor presencia de jugadores internacionales, que ya equivalen a un tercio del total. Este despliegue de los atletas foráneos ha provocado que muchos estadounidenses, hasta entonces con un contrato fijo en su país, tengan que emigrar buscando nuevas oportunidades en China y Europa.

 

Esta temporada el FC Barcelona ha invertido 33,26 millones de euros en la sección de baloncesto, un incremento del 30% derivado del fichaje de Nicola Mirotic y Álex Abrines, el Baskonia se ha hecho con los servicios de Nik Stauskas, y el Real Madrid ha recuperado a Salah Mejri. En todos los casos, estas apuestas suponen una mayor carga para las cuentas de los clubes, que deben destinar mayores partidas presupuestarias para hacer frente a sus fichas. El reto, por tanto, pasa por hallar el equilibrio para que el nivel continúe subiendo de la mano de los exNBA y, a la vez, encontrar oportunidades para desarrollar a los jóvenes talentos locales.

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