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Treinta años de Barcelona 92

Barcelona 1992, unos Juegos sufragados por el Gobierno central y el Ayuntamiento

La mayor parte de los gastos del Comité Organizador de Barcelona 1992 fueron destinados a la construcción y adecuación de entornos de la capital catalana, que supuso una inversión de 45.866 millones de pesetas.           

Barcelona 1992, unos Juegos sufragados por el Gobierno central y el Ayuntamiento
Según la memoria, el Gobierno central realizó una aportación del 48% del total en los Juegos

A. Ferrer

25 jul 2022 - 05:00

Los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Barcelona 1992 fueron un hito organizativo que, entre el 25 de julio y el 9 de agosto pusieron la capital catalana en el centro del mundo. El legado del evento deportivo más importante de la historia de España, que abrió Barcelona al turismo y la internacionalizó, aún perdura. Sin embargo, hay cierta nostalgia en el ambiente y varios retos para el futuro, con el objetivo de recuperar el espíritu que una vez hizo posible rentabilizar los Juegos. Palco23 recorre el legado e impacto, el cambio de Barcelona y sus principales magnitudes económicas con entrevistas con el creativo que ideó los Juegos, Luis Bassat, y el concejal de deportes de Barcelona, David Escudé.

 

 

Insight: Treinta años de Barcelona 92

 

 

Las instituciones públicas, vitales para el desarrollo de los únicos Juegos Olímpicos en España. Para poder llevar a cabo los Juegos de Barcelona 1992, el Gobierno central destinó 254,8 millones de pesetas, prácticamente el 50% de la inversión total. Otras instituciones como el Ayuntamiento de Barcelona, que corrió con el 20% del gasto y la Generalitat de Catalunya, que hizo lo propio con el 19%, ayudaron a financiar el evento.

 

Según la memoria oficial de los Juegos de Barcelona 1992, la mayor parte del gasto relacionado con el evento se destinó a la construcción y adecuación de entornos de la capital catalana, que conllevó una inversión de 45.866 millones de pesetas. Esta partida era de 34.358 millones de pesetas en 1989, cuando se presentó por primera vez el presupuesto por los distintos órganos de gobierno relacionados con el evento.

 

Para ello fue necesaria una gran inversión como fue la Ronda Litoral, que junto a la Ronda de Dalt permitió descongestionar el tráfico rodado en el centro urbano y también eliminar las vías del tren. Además, se decidió instalar allí la Villa Olímpica, hoy reconvertida en viviendas para particulares.

 

En abril de 1992 se inauguró la iluminación del Anillo Olímpico de Montjuïc (donde se encuentran el Estadio Olímpico y el Palau Sant Jordi), si bien unos días antes se abrían al público las áreas de Vall d'Hebron y Diagonal. Esta dos áreas se unieron a Montjuïc y Poblenou para formar una especie de cuadrado que uniese y conectase la ciudad y abandonase la situación de marginación en la que se encontraba debido a los problemas de accesibilidad.

 

 

 

 

La costes de las edificaciones nuevas y las remodelaciones de las ya existentes se repartieron entre el Comité Organizador y los titulares de las edificaciones y las administraciones públicas implicadas en la organización de los Juegos.

 

El segundo mayor bloque de inversiones fue el de los Servicios a la Familia Olímpica y Seguridad, que tuvo un gasto total de 41.694 millones de pesetas. Este programa comprendía los gastos de acondicionamiento y de gestión hotelera (lavandería, limpieza o alimentación) de las villas olímpicas, además de la seguridad interna de las distintas instalaciones deportivas.

 

En un escalón inferior se encontraron los gastos en tecnología (con una inversión de 24.791 millones de pesetas), que comportó la inversión en gestión de las redes de telecomunicaciones, el desarrollo de un software específico para los Juegos y el reacondicionamiento del Centro de Información de Operaciones de Tecnología (Ciot) y la Estructura de Soporte, que comportó una inversión de prácticamente 23.000 millones de pesetas.

 

 

 

 

En un último escalón se encontraron los gastos derivados de la imagen y el desarrollo comercial del evento (18.618 millones de pesetas), la prensa, radio y televisión (18.254 millones de pesetas), la organización de competiciones olímpicas y paralímpicas (14.000 millones de pesetas) y el desarrollo de ceremonias y actos culturales (que tuvo un gasto de 9.000 millones de pesetas).

 

Para favorecer las inversiones de las empresas en las infraestructuras del evento, en 1988 entró en vigor la Ley 12/1988 de beneficios fiscales, por la que se establecía un conjunto de incentivos de carácter fiscal. Las empresas que realizasen estas inversiones podrían obtener un ahorro fiscal del 15% de las cantidades invertidas a deducir de la cuota líquida del impuesto a deducir de sociedades. El Comité Organizador de Barcelona 1992 certificó inversiones por un importe total de 221.500 millones de pesetas. La construcción de infraestructuras básicas para el evento tuvo una exención del IVA, fomentando así un ahorro financiero para promotores públicos y privados.

 

Según la memoria, el Gobierno central realizó una aportación del 48% del total en los Juegos, mientras que la Generalitat de Catalunya hizo lo propio con el 19%. Un 20% del total fue aportado por el Ayuntamiento de Barcelona y un 12% por el Comité Organizador del evento. El montante económico restante fue aportado por los inversores privados.