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LaLiga da un año al Valencia CF para volver a beneficios, con la banca en el retrovisor

La ampliación de capital de 100 millones firmada en 2015 permitía al club registrar un importe equivalente en pérdidas durante cinco años, por lo que ya ha consumido todo el margen y se expone a aplicar una importante quita a sus compromisos con la banca.

07 Nov 2018 — 05:00
Marc Menchén
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LaLiga da un año al Valencia CF para volver a beneficios, con la banca en el retrovisor

 

 

Peter Lim decidió dar un golpe de timón a la gestión del Valencia CF a mediados de la pasada temporada. El club nombró nuevo presidente a Anil Murthy y fichó a Mateu Alemany como director general, y el objetivo para ambos estaba claro: confeccionar un equipo capaz de entrar en Champions League y hacer crecer los ingresos ordinarios. La situación obliga, pues la cuenta de resultados deberá ofrecer beneficios a partir del próximo año si no quieren exponerse a sanciones de LaLiga por incumplimiento del control económico. A ello, se le añade el riesgo reputacional que supondría aplicar importantes quitas a su deuda con la banca.

 

Las normas de control económico de la patronal que preside Javier Tebas establecen cierto margen para generar pérdidas en aquellos clubes que hayan formalizado una ampliación de capital. En este sentido, los expertos indican que el conjunto ché ha podido generar unos números rojos de 94,8 millones de euros en los últimos cuatro ejercicios gracias a la inyección de 100 millones de euros que se formalizó en 2015-2016. Sobre todo después de perder más de 36 millones durante la última temporada.

 

La realidad de la norma establece que las pérdidas podían ser de 20 millones de euros anuales en los cinco ejercicios posteriores a la ampliación de capital, pero la evolución de los últimos años ha hecho que el margen ya solo sea de 5,8 millones de euros para esta temporada y la siguiente. “En caso de excederse, LaLiga puede imponerle sanciones y forzarle a entrar en beneficios con un recorte del tope salarial que asigna a los equipos cada temporada”, señala un abogado experto en materia deportiva.

 

 

 

 

Dicho de otra manera, el Valencia CF estará obligado a entrar en beneficios sí o sí en 2019-2020, pues habrá vencido el plazo permitido por el regulador de la competición. Y, en el caso de que esta temporada perdiera más de seis millones de euros, detraerle recursos para la confección de su plantilla para forzar la entrada en beneficios. De momento, el presupuesto para 2018-2019 fija un resultado neto igual a cero, pese a que obtendrá unos ingresos récord de 233 millones de euros si se incluyen los traspasos.

 

A diferencia de otros equipos como el Sevilla FC, el conjunto ché se ha autoimpuesto la salida de futbolistas como pilar básico para volver a beneficios. De hecho, el plan de negocio elaborado para los próximos años incluye una perspectiva de mejora continuada de los ingresos por televisión cada año, así como el “resultado por enajenación de jugadores en base a histórico”, que en los últimos cuatro ejercicios (incluido 2018-2019) han supuesto una media de 42 millones anuales en ingresos.

 

La dificultad para establecer un modelo de negocio sostenible ha obligado ya al consejo de administración a aprobar una reducción de capital de 65 millones de euros, tras la que el capital social se situará en 21,59 millones de euros, la reserva legal en 4,32 millones  y las voluntarias en 19,79 millones de euros. Gracias a ello, se eliminarán 96,6 millones de pérdidas acumuladas en ejercicios anteriores y se podrá restablecer la situación patrimonial.

 

Son movimientos que la banca también está analizando con atención, ya que Bankia y CaixaBank se juegan parte del dinero prestado con el regreso del club a la rentabilidad. En el marco de la refinanciación bancaria de 2014-2015, se decidió que la devolución de un paquete de préstamos por 61 millones de euros estuviera sujeta a la generación de unos determinados volúmenes de ebitda; de este importe, 56 millones corresponden al primer banco y 5 millones más al segundo.

 

 

 

 

Ante el riesgo de que las dos entidades tuvieran que asumir una quita, el club acordó con ambas entidades que la fecha de vencimiento se ampliara de 2024 a 2026, de manera que haya más margen para asegurar la generación de caja. De momento no hay una aminoración de esa deuda, aunque las proyecciones financieras del club apuntan a que se debería aplicar una quita del 64%, hasta 22 millones de euros, si tuviera que saldarse esa deuda al cierre del ejercicio 2017-2018.

 

Esta cuestión tampoco ha pasado desapercibida para el auditor, que desde hace dos ejercicios ha incluido esta operación como uno de los aspectos más relevantes de su análisis. “Debido a la relevancia de esta deuda financiera, las incertidumbres propias del plan de negocio, y el impacto que cualquier cambio relevante en el mismo puede suponer en la determinación del valor razonable de la deuda, este asunto se considera un riesgo significativo de auditoría”, señala EY en su informe.

 

Menos temores existe con el resto de préstamos bancarios, teóricamente fáciles de cobrar en tanto que están garantizados con los derechos de televisión y la publicidad de la U televisiva; además, incluyen un calendario de vencimientos más tradicional, con amortizaciones anuales que desde 2019-2020 en adelante fija cuotas crecientes a partir de 14,5 millones de euros.

 

El principal acreedor es Bankia, con la que tiene firmado un préstamo hipotecario que vence en junio de 2029 y del que restan por pagar 142 millones de euros. En el caso de CaixaBank, hay un préstamo que concluye en marzo de 2028 del que aún le quedan por recuperar 19,23 millones y dos créditos menores que no superan los 200.000 euros y que vencen en 2020 y 2021, respectivamente.

 

La dirección confía en que su viabilidad está asegurada, y así lo defiende en el plan de negocio para los próximos diez años. En el mismo, “se contempla en las mismas el traslado al Nuevo Estadio, así como la venta del actual estadio de Mestalla”, por el que ya ha recibido ofertas que rondarían los 120 millones de euros. Esta cantidad le permitiría obtener liquidez para cancelar los citados compromisos u obtener la tesorería necesaria con la que financiar la construcción definitiva de su campo de fútbol. Y esa es una incertidumbre que hoy nadie puede asegurar.

 

Peter Lim ya ha inyectado 100 millones de euros en el club tras pagar 94 millones por el 70,04% de las acciones en 2015, lo que le permitió elevar su participación al 82,3%. Con posterioridad ha ofrecido una línea de financiación por otros 100 millones de la que el club ha ido disponiendo, aunque la dirección asume que deberá buscar “financiación necesaria para garantizar la capacidad de la sociedad dominante a la hora de cumplir la citada proyección financiera”, al margen de otros condicionantes como disputar competiciones europeas cada temporada. Un objetivo que, para el próximo curso, hoy está muy alejado de la realidad.

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