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ISL, de socio del Barça a querer construir una red de 25 academias en el mundo

La empresa, fundada por dos jóvenes de Barcelona, factura diez millones de euros y es el principal licenciatario de las Barça Escola en Estados Unidos. Ahora, planea su expansión por Latinoamérica y diversificar su negocio.

M.Menchén

19 mar 2018 - 04:59

ISL, de socio del Barça a querer construir una red de 25 academias en el mundo

 

 

Lo que empezó como un viaje de amigos a Charlotte para acabar sus estudios y jugar en la liga universitaria de Estados Unidos se ha acabado convirtiendo en el proyecto vital de Alex Isern y Marc Segarra. Estos dos jóvenes barceloneses están detrás de ISL Futbol, la empresa que se ha convertido en uno de los apoyos más importantes del FC Barcelona para el desarrollo de sus escuelas en el mercado norteamericano y que ambiciona mucho más. Por lo pronto, en cinco años pasar de siete a 25 escuelas y al menos doblar su facturación, que en 2017 ascendió a diez millones de euros.

 

“Tenemos que crecer con cabeza”, explica Isern, la mente fría del equipo, si bien admite que es posible alcanzar la meta si mantienen la tendencia de los últimos meses. Con cuatro academias bajo la marca Barça en EEUU, ahora preparan la quinta en la que será su primer salto a Latinoamérica; en concreto, en San José, capital de Costa Rica. “Una cosa nos ha ido llevando a la otra, todo nuestro crecimiento ha sido de forma orgánica”, añade Segarra, el más soñador de los dos.

 

En 2013 organizaron su primer campus de soccer, cuando aún no se había desatado la fiebre por este deporte, y lograron captar a 1.000 niños. “Aquella experiencia fue muy buena y la que nos permitió entrar en contacto con el Barça”, recuerdan. Ahora, y tras lograr el apoyo de su socio americano, Mac Lackey, cada año pasan más de 10.000 niños por sus programas, con unos niveles de exigencia superiores. “No tiene sentido crear escuelas con menos de 300 niños, y nosotros nos hemos marcado el objetivo de que en cada una haya al menos un millar”, calcula Isern.

 

 

 

 

De media, los niños que están apuntados a sus escuelas pagan una media de 2.500 dólares al año. “El ciclo de vida de un menor en el campus es de cuatro años, mientras que en la escuela es de diez años; lo que intentamos es que cada cliente esté el máximo de tiempo”, explican. De ahí que en torno a los campus y las academias hayan creado experiencias, como viajar a Barcelona u otras ciudades europeas en las que poder entrenarse en instalaciones de equipos de élite e incluso conocer a futbolistas, como fue con Luis Suárez del Barça el pasado mes de febrero.

 

Ese equilibrio entre las dos personalidades es una parte del éxito de este grupo, formado por una treintena de personas en oficinas y otras cuarenta entre entrenadores y personal asociado a las escuelas, cuyos técnicos son preparados por el propio Barça para asegurar la correcta implantación de su metodología. Esta evolución les ha llevado a tomar la decisión de mover la sede de Charlotte, que es donde empezó todo, a Miami. “El cambio lo haremos a finales de año. El 75% del equipo es catalán y también están contentos con el traslado. Además de que nos ofrece mejores conexiones de avión con España, también está más cerca de Sudamérica”, explica Isern.

 

Esta ubicación no es casual, ya que es allí donde ver un mayor margen de crecimiento con las escuelas. “Costa Rica ya está abierto y estamos hablando para hacer más en esta región”, explica Segarra. En la actualidad, el Barça tiene socios con centros operativos en Colombia, Guatemala, Perú y Brasil, por lo que aún existe un importante margen de crecimiento. Además, es uno de los pilares con los que el club ya ha dejado claro que quiere expandir su huella internacional.

 

 

 

 

Segarra e Isern valoran crecer con su propia marca, ISL, que consideran que ya tiene el suficiente reconocimiento del sector como para expandirse por su cuenta. Los dos emprendedores enfatizan que no hay tanto know how sobre cómo funcionan este tipo de proyectos, especialmente a lo que en negociaciones con administraciones locales y tejido asociativo se refiere. “Cuando llegamos a una ciudad, nos reunimos con la comisión de deportes e intentamos conectar con la gente de allí”, comentan. ¿Una de sus ventajas? “Quien ahora entrena allí no mamó fútbol; hay falta de recursos y de formación”, señalan ambos.

 

El traslado a Miami también les permitirá abrir nuevas líneas de negocio no enfocadas a la formación. “Queremos posicionarnos como empresa pionera que encuentra vínculos entre todo lo que no sea fútbol con este deporte y replicar nuestro modelo a nivel internacional”, explican. Así, han empezado a colaborar en la realización de activaciones promocionales con futbolistas, y quieren empezar a promover proyectos de fundraising para fundaciones infantiles que tengan relación con el deporte. Ambición no les falta.