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Deuda en máximos y debacle deportiva: el Barça dilucida su futuro en una junta extraordinaria

Mañana 17 de agosto se celebrará una junta extraordinaria que determinará los próximos pasos a dar, entre los que podría estar la convocatoria de elecciones y la elección de un nuevo entrenador.

P. López

16 ago 2020 - 20:00

Deuda en máximos y debacle deportiva: el Barça dilucida su futuro en una junta extraordinaria

 

 

La directiva del FC Barcelona busca soluciones a corto plazo tras la debacle por la eliminación de la Champions League tras caer ante el Bayern de Múnich por 2-8. Mañana lunes se celebrará una junta extraordinaria para determinar los próximos pasos a dar, entre los que podría estar la convocatoria de elecciones a la presidencia, previstas para 2021, y la elección de un nuevo entrenador. La crisis deportiva e institucional del club podría acelerar ese proceso y que los comicios se celebrarán antes de lo esperado.

 

Los estatutos del club culé establecen el adelanto electoral si el presidente dimitiera y lo hiciera el 50% de los miembros de la junta, pero también si presentaran su renuncia el 75% de los directivos. En ese segundo supuesto, aunque Josep María Bartomeu no dimitiera, se adelantarían los comicios. Si no hubiera dimisiones y el mandato acabara de manera natural, la votación debería celebrarse entre el 15 de marzo y el 15 de junio. En cualquier caso, el calendario electoral establece que entre la convocatoria de elecciones y los comicios deben pasar aproximadamente 35 días.

 

¿En qué situación está el Barça desde la perspectiva deportiva, económica e institucional? Hacía doce años que el club no cerraba una temporada en blanco, es decir, sin conseguir ningún título. Fue en 2007-2008, una temporada que marcó el fin de la era de Frank Rijkaard y Ronaldinho, pero que supuso el inicio de la era con Pep Guardiola y la consecución de seis títulos en una única campaña.

 

 

 

 

La situación económica del club responde a una deuda al alza y una caída de la rentabilidad pese al incremento de los ingresos. Todo ello ha puesto en el punto de mira a Óscar Grau, director general, al que se ha criticado por la firma de operaciones discutirles en el mercado de traspasos y por la laxitud en la gestión económica.

 

La primera temporada de Grau como primer ejecutivo se cerró batiendo por primera vez la barrera de los 700 millones de euros, pero también con un recorte de casi el 50% del beneficio neto, hasta 18 millones. Esta tendencia se ha mantenido desde entonces, con un resultado neto que ha ido menguando a medida que el aumento de la facturación lo sostenía la venta de activos y los nuevos contratos de televisión. 

 

De hecho, en 2018-2019 el club presentó un beneficio de 4,5 millones de euros, un importe que se consiguió gracias a la venta sobre el pitido final del portero Jasper Cillissen al Valencia CF. Fue una operación mediante un trueque que ayudaba a ambos clubes a cuadrar sus respectivas cuentas de resultados sin exigir el desembolso de dinero.

 

 

El club también ha aumentado el gasto en salarios y en fichajes, una situación que se agudizó en 2017, con la salida de Neymar al Paris Saint-Germain (PSG) por 222 millones de euros. La entidad elevó en la misma medida el gasto pese a tratarse de una operación extraordinaria y salió al mercado en busca de futbolistas que suplieran el golpe mediático y reforzaran el equipo, renunciando a no actuar en caliente y aprovechar las circunstancias para recortar la deuda.

 

El gasto en salarios y en amortizaciones de fichajes ha disparado la deuda en un contexto en que el club esperaba destinar recursos y deuda al Espai BarçaLa financiación prevista para ese proyecto se va ya a 815 millones de euros y se hace necesario un nuevo referéndum para que los socios decidan qué hacer, si bien el diseño arquitectónico podría mantenerse y sobre todo apostar por fasear aún más los trabajos. A cierre de 2018-2019, la deuda neta culé ascendía a 602 millones de euros.

 

La situación deportiva y económica se ve agravada por la crisis institucional que ha afectado al club durante la última temporada a raíz del Barçagate, que puso el foco en el máximo órgano de gobierno del club, la junta directiva, entre acusaciones de corrupción, fraccionamiento de facturas para eludir los sistemas de control internos y sospechas sobre el servicio real que prestaron los proveedores de monitorización en redes sociales. Todo ello provocó la dimisión en bloque de seis miembros de la junta deportiva por disconformidad con la gestión actual.