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Martes, 20 Noviembre 201809:11:37

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Reflexiones acerca del fútbol como parte del ‘sport business’

Reflexiones acerca del fútbol como parte del ‘sport business’

A finales de septiembre se celebró en Madrid la III edición del World Football Summit, un evento de absoluta referencia en el sector del Sport Business a nivel mundial, al que asistieron más de 2.200 profesionales. Un buen momento, también, para reflexionar acerca del futuro del fútbol, no tanto desde el punto de vista deportivo, sino especialmente desde el punto de vista de negocio empresarial (con su particular “mix” de objetivos: de resultados, económicos, sociales, de imagen y reputación, etcétera).

 

Entre los elementos a considerar en el presente y futuro del paradigma del ecosistema del futbol como negocio (que no deja de ser, por otra parte, muy similar al que se presenta en otros deportes) destacaría:

 

1. La constatación palpable de que las entidades deportivas han pasado de ser “equipos” a “clubes” y el paso actual es convertirse en “empresas” desde el punto de vista de la “profesionalización” absoluta de la gestión. Es decir, la componente “empresarial” se está incorporando (como no podía ser de otra manera) al sector del futbol (y otros deportes).

 

2. Al mismo tiempo, el foco, dentro de este contexto de mayor profesionalización empresarial, se traslada del engagement (el futbol, de per-se, ya contiene un substancial componente de engagement) a la monetización, a través del paso necesario por una fase de satisfacción de las necesidades (tanto de los fans como de los patrocinadores y otros stakeholders del ecosistema).

 

3. La importancia del tamaño del mercado geográfico en futbol. A más tamaño, la potencialidad es mayor, y especialmente cuando se está añadiendo a la visión nacional una realidad supra-nacional (paneuropea en nuestro entorno más cercano) cada vez más substancial y con mayor valor añadido.

 

4. La agregación de competiciones menores (desde el punto de vista del tamaño del mercado) por adición de valor añadido, preservando siempre su idiosincrasia particular en cada caso (nacional o regional), pero sin perder de vista una visión estratégica más global y transfronteriza racionalizada por la existencia de economías de escala, sinergias y modelos competitivos empresariales (utilizando términos cercanos a Michael Porter).

 

5. La necesaria expansión de las principales competiciones, aplicando estrategias de glocalización, puesto que en futbol la mayoritaria atención mediática a nivel global se centra en solo 2-3 competiciones de clubs (adicionalmente, las competiciones por selecciones nacionales). A fin de cuentas, en otros deportes, las competiciones de referencia a nivel mundial también se reducen a una-dos (NBA en baloncesto, MotoGP en motociclismo, UCI ProTour en ciclismo, PGA Tour en golf, F-1 en automovilismo, etcétera). El futbol, por su dominio como deporte “rey” a nivel mundial puede establecer un escenario en el cual dos o tres competiciones (de clubes) sean de referencia, y el objetivo para las principales ligas y competiciones es entrar dentro de esta privilegiada short-list. LaLiga, sin duda, se sitúa en esta senda.

 

6. A esta necesaria globalización de las competiciones se le suma la ineludible expansión multinacional de los clubs/empresas de futbol, que debe ir mucho más allá de la creación de academias de futbol en países clave o la celebración de partidos amistosos.

 

7. Una creciente consideración en el análisis de otros modelos de competición en los cuales se fortalece la posición de los inversores y los patrocinadores al disminuir los riesgos de inestabilidad económico-financiera a corto y largo plazo (por ejemplo, el modelo franquicia que tan extendido está en Estados Unidos y Canadá, con resultados empresariales positivos para las competiciones, los clubes, los jugadores, los fans, etc.).

 

8. La apertura de la financiación de los clubes (o empresas de futbol–deporte, para ser más exactos) a las oportunidades que brinda el off-balance, incluyendo empresas de gestión de derechos, de estadios e instalaciones, etcétera.

 

9. La constatación del futbol como sector en el que empresas y fondos invierten, articulando multinacionales del deporte (o, exclusivamente, en algunos casos, del futbol).

 

10. El binomio, aún con un gran espacio de mejora y de potencialidad, entre el futbol y la innovación (no sólo tecnológica), creando zonas de desarrollo del deporte desde varios puntos de vista (rendimiento del jugador, rendimiento del equipo, big data, inteligencia artificial aplicada, seguridad, servucción automatizada en estadios e instalaciones, geolocalización, blockchain, etcétera)

 

11. La influencia del nuevo paradigma audiovisual (broadcasters tradicionales, PPV, OTT de las properties, OTT generalistas, influencers, contenido de los propios patrocinadores, participación activa de los propios fans en el proceso de creación de contenido, etc.) en el balance del “poder” en el futbol y, consecuentemente, en el valor de los derechos audiovisuales.

 

12. El impacto social del futbol y la necesidad de los patrocinadores (y de los clubes y competiciones) de destinar recursos en activaciones con una tilde de “responsabilidad social”, favoreciendo de forma natural el desarrollo del futbol entre la sociedad.

 

13. La necesidad de redefinir estrategias de ingresos en las empresas de futbol, redistribuyendo pesos y prioridades entre las seis revenue streams: a) instalaciones y equipamientos; b) comercial y patrocinio; c) derechos audiovisuales; d) premios; e) traspasos; f) otros (participaciones empresariales, cogeneración de ingresos con partners, etcétera.

 

14. La conceptualización del fútbol como una actividad de ocio-deporte de carácter desestacional (365 días al año) y deslocalizada (utilizando en toda su extensión el modelo de los 4 anillos), huyendo de la focalización del binomio estadio+día-de-partido.

 

En definitiva, el futbol, deporte número uno a nivel global (aunque no en todos los países) evoluciona de forma rápida, con una elevada tasa de creciente profesionalización, al mismo tiempo que abraza la glocalización de forma substancial, puesto que cada vez hay menos barreras (geográficas, tecnológicas, de hábitos, de inversión, etc.), sin preservar sus identidad particular.

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