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Domingo, 24 Marzo 201913:56:35

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El Sevilla FC, último capítulo de las disfunciones de una SAD

El Sevilla FC, último capítulo de las disfunciones de una SAD

Descalificaciones personales, soberbia en cuanto al poderío económico de cada uno, y poca transparencia sobre el futuro del club. La junta de accionistas del Sevilla FC tuvo todos los ingredientes necesarios para cualquier activista en contra del modelo de sociedad anónima deportiva (SAD). Ya no se trata de buscar una mayoría accionarial para instaurar una filosofía deportiva o de gestión, sino de comprar acciones para después vendérselas a un tercero con interés en hacerse con uno de los clubes más rentables de LaLiga. No es de extrañar que los minoritarios salieran airados de una reunión que acabó bien entrada la noche.

 

Se da la circunstancia de que Sevilla ya fue epicentro de cuál debe ser el futuro de las SAD hace un año, aunque con un proceso a la inversa. El consejo de administración del Real Betis puso a disposición de los aficionados las acciones que en su día pertenecieron a Manuel Ruiz de Lopera en busca de una máxima atomización del capital, aunque creando un núcleo accionarial estable que asegure la gobernanza.

 

Ese es el objetivo que el presidente, José Castro, aseguró que se escondía tras la masiva compra de acciones de los últimos meses que han facilitado que un grupo de inversores americanos tomen el 5% del club y tengan un asiento en el consejo de administración. El problema es que se trata de un club con dos claras alternativas por el poder, pues cada una suma más de un 30% del capital: Castro y el resto del consejo de administración, por un lado, y la familia Del Nido, por el otro. Y el riesgo es que el desgaste por esa pugna acabe afectando a la gestión.

 

En cualquier caso, esta situación vuelve a demostrar una de las grandes deficiencias del modelo de conversión en SAD aún vigente. Si bien es cierto que ese proceso debía garantizar que los clubes se gestionaban con los mismos criterios de una empresa, la ausencia de mecanismos de control o límites de participación ha provocado disputas que poco tienen que ver con el desarrollo de un proyecto deportivo.

 

Se espera que la nueva Ley del Deporte resuelva muchas de estas deficiencias, aunque no sea ese el único problema. En el caso del Sevilla FC, los minoritarios sólo pedían ayer que se reconozca si realmente se está buscando una venta de la mayoría accionarial a un nuevo inversor. Y ahí poco tiene que ver la ley, sino la ética y la transparencia con la que los gobernantes del deporte español quieran actuar. Como quedó evidenciado ayer, gestionar un club también implica emociones, y una cuenta de resultados modélica y el reparto de dividendos no son garantía de mucho.

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