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Lunes, 16 Diciembre 201909:21:45

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Confianza e inversión en el deporte

Confianza e inversión en el deporte

La industria del deporte en España vive un auge considerable que se explica, en gran medida, por los nuevos hábitos de una sociedad cada vez más proclive a consumir ocio y experiencias en su tiempo libre. Ello está provocando un creciente interés de los inversores a la hora de aproximarse a una industria que está logrando superar clichés y prejuicios de otras épocas en las que los modelos de negocio y gestión se ponían en duda por falta de claridad y profesionalización.

 

Son conocidas algunas de las operaciones corporativas más relevantes en el sector del fitness, y también es evidente el interés que los clubes de fútbol suscitan, especialmente ahora que han saneado sus cuentas y que las perspectivas de generación de ingresos (no sólo los vinculados a los derechos de televisión) presentan importantes oportunidades de crecimiento. Todo parece indicar que ese interés inversor va a seguir produciéndose, tal y como se puso de manifiesto en Palco23 el pasado 16 de enero informando acerca de la disponibilidad de entre 3.500 y 4.000 millones de euros preparados para invertir en empresas españolas, según la Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión (ASCRI).

 

Pretendo aportar algunas pautas de gestión sobre cómo abordar un eventual proceso de este tipo, ya sea porque se persiga de manera activa o porque se presente la oportunidad de forma espontánea. Estar bien preparados, demostrar sólidas bases de gestión y tener claro cuáles son las palancas de creación de valor, es clave para que una operación corporativa de estas características llegue a buen puerto.

 

Cuando los inversores ponen su foco en un determinado mercado es porque detectan la existencia de oportunidades claras de negocio. Detectada esa oportunidad, lo primero que va a analizar cualquier inversor (institucional o estratégico) es el encaje estratégico que una posible adquisición pueda tener en su modelo de negocio. Por eso resulta fundamental tener claro, y si es posible documentado, cuáles son los planes que marcan la visión estratégica de la compañía y que guían su operativa diaria en la consecución de los objetivos marcados.

 

Contar con un plan estratégico actualizado, en el que se identifique claramente cuál es la propuesta de valor de la compañía, cuál es el perímetro de su mercado y la posición que ocupa en él, cuál es el perfil de su cliente y qué líneas de actuación guían el desarrollo de la compañía, no solo ayuda a orientar los recursos y el esfuerzo de quienes conforman la organización, sino también a transmitir con claridad cuál es el modelo de negocio y cuáles son las perspectivas a corto, medio y largo plazo.

 

El siguiente paso pasa por tener una percepción directa acerca de las personas que lideran el proyecto. Como se trata de generar confianza, y el talento directivo es una de las más importantes ventajas competitivas de las que dispone una empresa, habremos de ser capaces de poner en valor aspectos como la trayectoria profesional del equipo directivo; si las áreas claves del negocio están cubiertas por las personas idóneas; si el equipo está compuesto de perfiles con capacidades y sensibilidades diversas que se complementen y enriquezcan al conjunto; o si el nivel de implicación y motivación es el adecuado para reforzar la vinculación y la lealtad del equipo con la compañía, facilitando así la retención de ese talento como activo fundamental de la empresa.

 

Para generar confianza, tan importante como transmitir claridad de ideas acerca de la visión estratégica y la idoneidad del equipo, es acreditar coherencia en el cumplimiento de lo planificado. De poco sirve tener un plan estratégico ambicioso y bien fundamentado y adecuadamente liderado, si luego no se cuenta con un modelo de control y seguimiento de la gestión que permita implementar lo planificado y comprobar el cumplimiento de los objetivos. Con carácter general, cualquier organización que aspire a instaurar un modelo de gestión profesional y riguroso debe dotarse de un Cuadro de Mando que permita hacer un adecuado seguimiento de la evolución y resultados de sus planes de acción; pero en el campo que nos ocupa en este artículo, estas herramientas aportan además un instrumento que facilita construir una trazabilidad de la eficacia y eficiencia del modelo de gestión.

 

Del mismo modo, disponer de instrumentos de control de gestión financiera fiables que permitan analizar la evolución histórica de los resultados y situación financiera de la empresa a través de su Balance, Cuenta de Resultados y Cuadro de Tesorería resulta fundamental para poder elaborar previsiones financieras creíbles y consistentes con la realidad histórica de la empresa, de tal forma que se pueda disponer de una valoración rigurosa y sensata.

 

Aplicar políticas de gestión transparente y responsable ayuda a generar confianza en el mercado. Hoy en día, sin necesidad de llegar a desplegar complejos sistemas de gobierno corporativo, las tecnologías disponibles y la facilidad de acceso a información hacen que sea relativamente sencillo para cualquier organización desplegar una estrategia de comunicación que acredite un determinado estilo de gestión que, aunque difícil de cuantificar económicamente, dada su naturaleza intangible, aporta un valor incuestionable para la organización. Gestionar de forma transparente y responsable influye positivamente en la reputación corporativa, en la forma en que una determinada marca es percibida, y en la gestión de los riesgos que pueden afectar al negocio. Controlando estos aspectos y siendo capaces de comunicarlos convenientemente, lograremos reforzar la confianza que nuestra empresa transmite al mercado, influyendo positivamente en uno de los elementos esenciales que determina cualquier valoración como es la rentabilidad que el inversor vaya a exigir a su inversión: a mayor confianza, menor rentabilidad exigida y mayor valor de la compañía.

 

Por último, también es importante tener en cuenta que valorar un proyecto o una empresa es siempre una tarea subjetiva. Por eso lo más normal es que el valor que un proyecto pueda tener para quien está en posición compradora suele no coincidir con el valor que tiene para quien venda; y, por eso, valor y precio no son lo mismo. El precio final es fruto de un proceso de negociación en el que además de elementos y criterios objetivos, entran en juego otros muchos factores que condicionan el resultado final de la operación, incluido el “feeling” que pueda surgir entre las partes durante el proceso.

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