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Canalizar emociones, gestionar el talento

Canalizar emociones, gestionar el talento

En este momento que vive el sector de la actividad física, donde la continua transformación de la sociedad marca la agenda y la necesidad de adaptación con nuevas propuestas de valor, es una exigencia avanzar en los estilos de gestión de las compañías, que constituye una de las principales herramientas para responder al reto.

 

En ese sentido, las llamadas habilidades blandas en materia de liderazgo son cada día más valoradas entre aquellos líderes que saben el peso que tienen en el éxito de sus proyectos las interacciones de las personas que dirigen. Podríamos afirmar que el nuevo liderazgo pasa por saber identificar las mejores habilidades de cada una de las personas que integran un proyecto, para hacerlas crecer poniendo lo mejor de ellas al servicio del mismo, y de aquellos a quienes se dirige. 

Las cualidades para que esto sea así son variadas. Se confía en gente que tenga buena comunicación, sepa trabajar en equipo, esté automotivado, se adapte fácilmente, sea empático y asertivo... Un perfil profesional que reúna todas o la mayoría de estas características es útil para que el trabajo se lleve a buen puerto.

 

Complementariamente a esta realidad, en el sector de los servicios debemos tener en consideración el papel que juegan las emociones a la hora de configurar y gestionar los equipos de trabajo. A pesar de que el concepto de inteligencia emocional lleva más de veinte años impregnando los departamentos de recursos humanos de las grandes compañías, el avance ha sido lento, como lo demuestra la inclusión de este parámetro como "crítico" cuando se configuran los equipos de trabajo en las compañías del sector. 

 

Sin duda, para los gestores de compañías dedicadas a generar bienestar y felicidad, en los próximos años será primordial acudir a una herramienta de alto poder de transformación del potencial de las organizaciones, como es la gestión de la inteligencia emocional. Solo si hacemos esto podremos ser capaces de identificar las emociones del grupo y conducirlas hacia un resultado positivo. Estamos sin duda ante un factor crítico en el desempeño de las personas dentro de las diferentes fisonomías de las compañías del sector.

 

Si definimos la inteligencia emocional como la capacidad de reconocer las emociones que habitan al interior de nosotros, saber gestionarlas adecuadamente para sacarles el mayor provecho constituye una oportunidad de diferenciación. Aquellas personas que tienen un dominio consciente de sus emociones están preparadas para poder identificar y gestionar de forma positiva las emociones de otros, algo que por supuesto es de gran valor para cualquier líder. 


Como sucede con otras herramientas de carácter estratégico, en el sector servicios, son los líderes los que tienen que prestar mayor atención a la inteligencia emocional, sobre todo en el momento de seleccionar a sus colaboradores. Todo el mundo debería trabajar los rasgos de la inteligencia emocional, ya que, además de que será un factor determinante para mejorar en el ámbito profesional, es una palanca que nos ayuda en nuestras relaciones interpersonales, esenciales en cualquier aspecto de la vida de las personas.


Durante nuestra trayectoria personal o profesional, seguro que hemos conocido a alguna persona que poseía un coeficiente intelectual y unas habilidades técnicas espectaculares y que, a pesar de esto, cuando su función se centraba en dirigir un equipo de trabajo, sus limitaciones a la hora de canalizar emociones le impedían liderarlo y conseguir los resultados esperados. 

 

Por tanto, si pensamos en la evolución que ha sufrido y sufrirá el mundo de la actividad física y sus diferentes propuestas, podemos llegar fácilmente a la conclusión de que parámetros como las habilidades técnicas o el coeficiente intelectual seguirán siendo interesantes al reclutar talento para la compañía. No obstante, las empresas que incorporen el potencial de la inteligencia emocional en quienes formen su organización, dispondrán de una ventaja competitiva difícil de igualar.

 

Esto cobra mucho más valor cuando el sector está inmerso en los primeros pasos de una auténtica revolución. Una revolución cuyo concepto primigenio, cuyo origen, viene de lejos. No en vano, Aristóteles escribió que "conocerse a sí mismo es el principio de toda sabiduría". Gestionar dicho conocimiento, es lo que, además, distingue al líder.

 

Post de Alfonso Arroyo, director corporativo de Ingesport

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