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Domingo, 23 Julio 201722:37:26

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Descenso o liquidación, y el aficionado que no quiere elegir

Entre finales de abril y mediados de mayo se decide el futuro inmediato de la mayoría de clubes de La Liga, cuyos resultados sobre el terreno de juego marcarán la disponibilidad presupuestaria para el ejercicio siguiente. Estas semanas son muchos los aficionados que critican la planificación deportiva, el desconocimiento de los nuevos gestores o recurren a la habitual acusación de gestión irregular. Pero, asumiendo que el fútbol desata pasiones y ciega las razones, cabría tener en cuenta el punto de partida de cada entidad, y que quizás es mejor un descenso de categoría que un riesgo de liquidación por incumplimiento de pagos.

 

En Primera División, sin ir más lejos, hay tres descensos con orígenes del problema en distintos lugares. El Granada CF cambió de accionista a pocas semanas de empezar la temporada, un relevo que también se tradujo en la salida de diversos jugadores de la órbita de la familia Pozzo y la obligación de construir un primer equipo a contrarreloj. CA Osasuna, en cambio, ya asumió que el ascenso podía ser efímero, pero a la actual junta directiva le ha servido para sanear un maltrecho balance económico heredado de los anteriores gestores y poder garantizar su futuro incluso en Segunda División.

 

Lo mismo sucede con el Sporting de Gijón, cuyo ascenso a Primera hace dos años supuso un balón de oxígeno para que los mismos accionistas que había puesto en riesgo a la entidad asturiana pudieran amarrar su viabilidad. No sin bronca con la afición, molesta con los resultados, que en este caso sí achacan a la gestión de los actuales dirigentes. En su caso, y a falta del desenlace final en 2016-2017, han sido dos años en el alambre, haciendo equilibrios para no salir de la élite con un presupuesto que en buena medida se destinó a cancelar deuda.

 

Ahora bien, igual que se pide comprensión para los aficionados, los propietarios de los clubes tampoco deberían olvidar su necesaria búsqueda entre rentabilizar su inversión y maximizar la utilidad de sus activos, base para mantenerse en una categoría que también dé más valor al club. Aquí existen dos ejemplos, la cara y la cruz. El CD Numancia, asentado en Segunda y que el año pasado distribuyó 400.000 euros entre los accionistas, y el Córdoba CF, que tras descender decidió destinar 1,5 millones a retribuir a sus socios y que ahora lucha por no caer a Segunda B. 

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