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Miércoles, 24 Mayo 201721:30:48

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Guiñoles y exministros

Esté bien o mal, gane o pierda, desde el otro lado de los Pirineos insisten en vincular a Rafael Nadal con el dopaje. En esta ocasión no han sido los guiñoles sino la ex ministra francesa de Sanidad y Deportes, Roselyne Bachelot, la encargada de volver acusar al por muchos considerado como el mejor deportista español de todos los tiempos de haber ingerido sustancias dopantes.

 

Según Bachelot, el parón del tenista tras caer eliminado en segunda ronda de Wimbledon en el año 2012, que le mantuvo fuera del circuito durante 7 meses, no fue para recuperarse de una lesión en el tendón rotuliano de su rodilla izquierda, sino para encubrir haber dado positivo en un control antidoping. Añade, además, que este tipo de encubrimientos son habituales en el mundo del tenis.

 

Qué duda cabe que lo más grave de lo que se puede acusar a un deportista de élite es de hacer trampas, en esencia, drogándose para ganar. Los daños a los que pueden quedar expuestos estos deportistas si efectivamente se acredita que se ha consumado la conducta prohibida, pueden ser devastadores, no solo en cuanto a las sanciones que se les puedan imponer federativamente, sino por los daños subsiguientes a dicha condena. No hay más que observar el reciente caso de Maria Sharapova reconociendo haber dado positivo en meldonium y las consecuencias que inmediatamente después se dejaron sentir con la resolución contractual operada por varios de sus sponsors.

 

Sin embargo, incluso en un estadio previo a una eventual condena (y aunque ésta no se materialice) este tipo de declaraciones pueden también causar importantes daños en el deportista correspondiente que ve como se atenta contra su consideración pública perjudicando gravemente su reputación como persona y como profesional, con los daños que ello le puede acarrear. En estos casos, la exigencia de veracidad actúa como bisagra para determinar si estamos o no vulnerando los derechos personalísimos de quien es objeto de la acusación.

 

Por ello, manifestaciones como las de la Sra. Bachelot pueden acabar resultando especialmente graves si se realizan sin ningún tipo de base probatoria o veracidad que las sustente más allá de haber sido emitidas por la que fuera máxima responsable de deportes del gobierno galo de Nicolas Sarkozy.

 

Por lo demás, veremos cómo reacciona el mundo del tenis (léase, en particular, federaciones nacionales –con la española al frente, a cuyo médico se cuestiona al negarse la veracidad de la lesión-, organizadores de torneos, la propia ATP, etc.) ante unas informaciones que suponen la acusación velada, aun de forma indirecta, de haber colaborado en el encubrimiento de tenistas que se habrían dopado y por lo tanto incumplido el reglamento.

 

En definitiva, manifestaciones de este tipo no solo son extremadamente graves en sí mismas consideradas, teniendo en cuenta que se está poniendo en riesgo la carrera deportiva del tenista español sino que los efectos colaterales que pueden derivarse de su emisión van mucho allá, afectando a intereses de terceros, cuando no a la propia actuación y diligencia exigida de quien las emite en este caso.

 

Será interesante ver si esto queda en una noticia más o las partes implicadas deciden emprender acciones para defender sus respectivas posiciones en todo este asunto.

 

Posts de Jean-Yves Teindas, abogado de propiedad intelectual de Cuatrecasas, Gonçalves Pereira

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