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Miércoles, 24 Mayo 201706:09:54

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Editorial: Bo per al Barça, ¿sí?

Josep Maria Bartomeu logró una mayoría absoluta histórica en las últimas elecciones a la presidencia del FC Barcelona en el verano de 2015. Su campaña se basaba en la fotografía del tridente y el lema "bo per al Barça (bueno para el Barça)", con los que quería reflejar buena gestión deportiva y también económica. Ahora bien, después de que la junta directiva aprobara ayer el pacto con la Fiscalía uno se pregunta si ese reclamo electoral era realmente cierto.

 

Nadie duda de que seguramente sea mejor pagar una multa de 5,5 millones de euros que exponerse a una sanción mucho mayor por lo que reclamaban tanto el Ministerio Público como la Abogacía del Estado: 33,6 millones de euros. Y de que asumir finalmente que esos 40 millones eran salario encubierto, camuflado dentro de la operación del traspaso, también ayudará a minimizar las consecuencias por el litigio con DIS. Dicho esto, que es una evidencia, lo que no puede admitirse es que sea un pacto "bueno para el Barça", o que la salida escogida sea la mejor y sólo se ha tomado pensando en el club.

 

De la comparecencia de ayer de Bartomeu sorprendió la falta de asunción de responsabilidades, en la que se aplicó la lógica inversa a la habitual en una corporación: la culpa no es de quien tomó la decisión última y lideró la negociación, Sandro Rosell y la junta, sino de los empleados del club que trabajaron en la elaboración de los contratos para fichar a Neymar. Es evidente que la responsabilidad jurídica, de puertas afuera, es del club porque es el que como entidad formalizó el fichaje en los términos en los que se hizo. Pero lo es igualmente que se hizo así con el amparo del entonces presidente.

 

Está muy bien que el actual mandatario, que por aquel entonces era vicepresidente, someta su gestión a referendo, aunque lo lógico sería que lo hiciera ante el conjunto de la masa social. Ante la gravedad y la excepcionalidad de la situación, no puede ser que esta especie de moción de confianza se realice ante una asamblea de compromisarios cuya credibilidad como representación de todos los socios lleva muchos años en duda. Si tan seguro está de que ha hecho lo mejor para la institución, no debería temer una moción de censura, como la que ayer ya planteaba el expresidente Joan Laporta.

 

Y sí, el pacto es "bo per al Barça" (el menos malo, podríamos matizar), pero esencialmente es bueno para Bartomeu, que queda exonerado de todo delito y, al evitar ir a juicio y que el club tenga que avalar ante la Justicia, su directiva podrá seguir cuadrando las cuentas, evitar verse forzado a una dimisión por incumplimiento de estatutos y seguir adelante con el Espai Barça. Y para un desaparecido Rosell, que llegó a la presidencia del club judicializando su día a día con una acción social de responsabilidad contra la anterior junta directiva y se marchó por la puerta de atrás tras ver cómo su gestión llegaba a la Audiencia Nacional.

 

Ahora muchos dirán que hay que aparcar los ismos, pero lo cierto es que tanto en la gestión de Laporta como en la de Rosell y Bartomeu se han mezclado los éxitos con importantes borrones. Por lo tanto, que cada uno asuma sus responsabilidades, porque ahora ya no le vendrá de un litigio más a un Barça que desde hace unos años alterna el terreno de juego con la sala de vistas de los juzgados sin excesivos problemas. "La imagen del club es excepcional", dijo Bartomeu sobre el impacto a nivel internacional. Y el problema no es ése, sino cómo queda esa imagen a nivel interno, ante los propietarios, que no dejan de ser decenas de miles de socios.

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